Prensa de Bailén

Medio siglo del local que cambió la forma de divertirse de toda una generación.   

Medio siglo  del local que cambió la forma de divertirse de toda una generación.    

   El 23 de diciembre de 1976, técnicos, albañiles, decoradores, electricistas y personal de servicio celebraron a puerta cerrada la terminación de una obra que sería un hito importante en el terreno del ocio y la cultura en Bailén. Dos dias mas tarde, el mismo día de Navidad abría sus puertas al público una famosa discoteca en la ciudad: La discoteca Pigmalión. Medio siglo, nada más y nada menos.

Hablar de la discoteca Pigmalión, después de 50 años, tiene naturalmente su interés informativo en la crónica social  local. Pigmalión es hablar de una auténtica revolución en Bailén, con sus comentarios favorables y las reticencias de algunas personas de más edad ante la que se avecinaba al convertirse Bailén en el centro de ocio juvenil con sus correspondientes ventajas e inconvenientes. Por esa razón, como persona vinculada a la información local y provincial, me he atrevido con este artículo, creo que de interés informativo local y me arriesgo a decir que hasta provincial.

A finales de los años setenta, cuando las opciones de ocio eran escasas y los jóvenes apenas tenían lugares donde reunirse para bailar y escuchar música, abrió sus puertas un local que acabaría marcando a varias generaciones como vamos a recordar en este escrito. Curiosa, en principio, fue la selección del nombre. Pigmalión fue elegido por los empresarios fundadores y algún amigo entre una tanda de nombres de la mitología griega. Tras varias cribas aparecían ya casi como finalistas Venus y Pigmalión. La última fue la ganadora; el mito de aquel rey de Chipre que esculpió una mujer tan perfecta y hermosa que terminó enamorándose de ella.

La noticia de la apertura corrió como la pólvora, se convirtió de súbito en la gran cita de la juventud de Bailén y de buena parte de la provincia. “Nos vemos en la Pigmalión” era la frase que se repetía cada tarde y cada noche entre los jóvenes de la época, que se quejaban de que solo en fiestas o alguna que otra boda fueran las únicas ocasiones de mover el esqueleto, o irse a Baños donde había pistas de baile con orquestas todo terreno. Cabe recordar que en los Píos de la calle Huertas ya había baile los domingos con muy buena asistencia, luces de colores y bola de discoteca, pero como local exclusivamente dedicado a la danza moderna y sonido de alta gama, era la nueva Pigmalión la que impactó la comarca.

Cinco décadas hace ahora  de la creación de este local, excavado en buena parte, al lado de la ya existente terraza de la piscina El Hostal plantada en aquel lugar donde estaba el coqueto y romántico hotelito denominado “El  Hostal”.  Poco más tarde, surgió la idea de aprovechar un hueco del complejo para la creación de una discoteca moderna, diferente a todo lo que existía entonces en la comarca. Así,  Juan Caballero y Manuel García, empresarios locales, se lanzaron a materializar la idea de algo parecido a una caverna de estilo futurista y galáctico.

El resultado fue un local sorprendente para su tiempo: paredes completamente insonorizadas, moquetas, iluminación innovadora, dos pistas de baile y equipos de sonido considerados de última tecnología, así como luces alucinantes y ambiente predominantemente juvenil, antes incluso de que aparecieran programas en la única TV pública como “Aplauso”, que incluía espacios como la Juventud Baila y dobles de famosos cantantes. Los más metidos en música podían comprar, a veces por encargo, las revistas “Mundo Joven” y “Disco Express” donde con suerte podías conseguir las letras de alguna canción en inglés de Cat Stevens o Bob Dylan por citar algunos. En las radios de aquel año sonaban presentadores musicales como Nacho Dogan, Uribarri, Iñigo y el innovador Mariscal Romero

Para entonces, Bailén no se quedaba atrás; ya se bailaba a ritmo de las más famosas bandas y cantantes como Boney M, que dio el pelotazo con “Daddy cool”. Ahora más adelante hablaremos de la música porque  no quiero olvidarme de las primeras personas que atendieron a la clientela desde la barra como Juan Antonio Morales, que era pescadero, José Carrero “El Manchego” Julián pescadero también y jugador del Recre, Pedro Merlo, amigo mío y hombre que de una memoria prodigiosa.  Había otro Pedro, que después trabajó c

on Frutas Moreno en Linares, Luis Limón que más tarde se hizo policía local.

Poco después se incorporaron unos jóvenes camareros como Vicente Pérez, Pedro Merino. Luego vinieron algunos otros más cuando ya se había consolidado esta discoteca. Pepe Merino era el portero, conocido como Pepe “Chico”, no como apellido sino como apelativo cariñoso a su estatura por parte de los compañeros. Pepe era la antítesis del cásico portero de discoteca o “gorila” tipo Koldo, como los que solían verse en locales de las grandes ciudades, pero era un portero respetuoso y respetado que sabía gestionar toda clase de situaciones.

Más adelante llegaron a la plantilla Manolo Galey, Juan Zafora, Juan Moreno y Manuel Martín Mercado, y en la música, en aquella cabina elevada en medio de la sala donde estaban los que entonces empezaban a llamarse “disc-jockeys”, estaba Venancio Fernández, hombre entendido en música y con un gusto a prueba de balas. Pedro Merlo lo sustituía en ocasiones poniendo sobre la pista sus temas preferidos de la época, en aquella cabina con dos platos giradiscos, estaban sus cuadros de luces y flashes o luces estroboscópicas como dicen los entendidos, que encantaban al respetable en aquellas sesiones de baile suelto y agarrado.

Algo que hoy nos parecería inimaginable era que aquella discoteca abría todos los dias  de 7 a 12 de la noche con una asistencia entre 200 o 300 personas de Bailén y alrededores , llegando los fines de semana a unas 600 o 700, según me comentaba Pedro Merlo hace unos dias,  y que yo mismo pude comprobar en el verano del 77  cuando tuve la ocasión de ejercer de D.J. de lunes a viernes manejando los platos giradiscos y las combinaciones luminosas a los sones de “Ma Baker” de los Boney M, que sacaban gente a las pistas de manera considerable con este y otros temas como Belfast, Rasputin y Rivers of Babylon.

Otros temas destacados de baile suelto y sonido discoteca fueron “Fly Robin Fly” de Silver Convención o los temas de sabor latino de Manhattan Transfer, los británicos The Sweet con su “The  Ballroom Blitz” ( bronca en el salón de baile ) y su estruendoso solo de batería que tras unos años de marcha todavía

movía a las multitudes hacia las pistas de las discotecas. Seria larguísimo mencionar a todos grupos, pues llenarían todas estas páginas.  Los españoles Camilo Sesto, Miguel Bosé, Pecos, Jose Luis Perales, Las Grecas,  José Velez,  Iván, Miguel Gallardo, Ana y Johny  y otros muchos competían con Peter Frampton, Donna Summer, Al Stewart y los italianos Sandro Jacobe, Umberto Tozzi y Rafaella Carrá, tanto en temas movidos como en lentos

Mi propia experiencia

Para un joven de aquel tiempo como yo, que amaba la música en casi todos los estilos, sacarte unas perras para tus gastillos, experimentar la primera actividad laboral de algunas horas al día, ( A part time job, que dirían los anglosajones)  y encima tener la ocasión de tratar con todos aquellos éxitos en vinilo a los que había que limpiar frecuentemente con una esponja y  una solución de alcohol y agua, era toda una experiencia.  A veces el D.J. era el que partía el bacalao según los temas elegidos y atendiendo en ocasiones a peticiones de los bailongos que evolucionaban con arte y destreza en las dos pistas, una de ellas de parqué y barandilla y la de

abajo, más grande y suelo de acero inoxidable con iluminación diferente. Desde la cabina del Dj, que a mí me parecía la de un avión de pasajeros con tanto botón y lucecitas en los paneles de la pared,  ecualizadores y cables, se podía observaba tambien comportamientos y actitudes deaquellos que iban a pasárselo bien, a ver a la persona que le interesaba o aquellos otros que pudieran.  por sus hábitos, crear problemas. Afortunadamente, no tuve que bregar con ninguno de los últimos.

Recuerdo que había códigos para pasar del baile suelto al agarrado y se solían poner temas de ritmo intermedio como El Año del Gato, de Al Steward para entrar en lo lento definitivo con el mítico “If you leave me now” de Chicago. Una vez pasado el tiempo del baile lento se pinchaba a Baccara con “Yes sir, I can boogie” o alguna de transición como “Porque te vas” de Jeanette ( que no era una pregunta sino una afirmación)   para iniciar el periodo más vibrante en luces y sonido con temas que antes hemos mencionado. Los que no iban a bailar o no tenían éxito sacando a las chicas, se iban a la barra a mitigar la contrariedad y fumarse un cigarro, porque en aquel tiempo estaba permitido hacerlo en locales de este tipo, incluso en hospitales.  Hoy sería impensable. Las chicas, pacientemente esperaban que llegara el chico de su agrado y las sacara a bailar. No se le ocurriría a ninguna tomar ellas la iniciativa por temor a malos entendidos

En carnavales, era otro nivel; dicen que se llenaba completamente, especialmente el sábado de piñata. A veces había tanta gente que se abría también la pista superior y se controlaba la entrada porque no ya no cabía más público. Unos tiempos inolvidables para los que pasaban muchos meses preparando su disfraz

Hoy con la carestía que nos ofrece la vida cotidiana, en la inauguración de la discoteca Pigmalión, la entrada costaba 75 pesetas e incluía una consumición. A comienzos de 1990 el precio era de 250 pesetas con consumición incluida. Los domingos había diferencias de precio entre hombres y mujeres. Existían, además

unos discos de papel   que ofrecían sabrosos descuentos. El lugar tambien ayudaba a muchos estudiantes en su viaje fin de curso cuando muchos de ellos recurrían a la venta de entradas para recaudar dinero, oportunidad que aprovechaban los más mayores de la familia, reticentes ante la apertura de un lugar tan moderno, para ir y conocer aquella legendaria discoteca y ver que todo funcionaba bien.

La discoteca también significó un importante espacio de convivencia social y cultural. Mucha gente conoció allí música que hasta entonces solo se podía escuchar en la radio o en televisión y establecer amistades con jóvenes de otras poblaciones. Manuel García, uno de los propietarios, conocido como “Manoli” era un buen profesional y tenía un trato cercano con la clientela y lo mejor de todo es que conocía como era cada uno. En la música y la sicología de la fiesta, era experto sabiendo que enfoque requería cada momento con los éxitos de la temporada adquiridos casi semanalmente en las mejores tiendas de discos.  Personalmente recuerdo la llegada de Antonio Sanz, hombre trajeado y serio, como relaciones públicas, que luego  al trato con él te dabas cuenta que era un buen profesional y persona organizada y afable.  

Historias y anécdotas inolvidables

Me cuenta Pedro Merlo que una Nochevieja, un hombre entró en la discoteca, fue al baño, se conoce que Francisca , la cuidadora,  no estaba presente y se quedó dormido allí toda la noche. A la mañana siguiente apareció preguntando cuándo empezaba la fiesta. El mozo se había pasado la velada sentada en el retrete y salió de la profundidad de los lavabos con un despiste colosal. Los empleados le dieron una entrada gratis para la tarde del día 1 en compensación

En una ocasión, una joven se vino arriba y no se saben bien los motivos, pero lo cierto es que comenzó a desnudarse en la pista   pequeña y tuvieron que sacarla del local en volandas para aplacar el fervor de los espectadores cercanos al episodio.

Durante la primera Nochevieja tras la inauguración se fue la luz, algo relativamente habitual entonces. El guardarropa, donde generalmente estaba Pepe “Chico” y  Cati Parreño,  en medio de aquel caos, funcionó a la luz de las velas mientras intentaban devolver los abrigos a la concurrencia. Afortunadamente no hubo que lamentar quemaduras o daños, ni esa noche ni ninguna otra.

Todos recordamos las escaleras de bajada que no facilitaban el acceso a personas con discapacidad, por eso una vez un cliente con bastones se quejó de tener que pagar la entrada una vez que su idea no era ir a bailar. En otra ocasión otra persona de iguales características se molestó porque decidieron no cobrarle. Claro, hay que tener en cuenta que las entradas tenían incluida una consumición, siendo el más popular el coctel San Francisco sin alcohol que se decoraba mojando el borde del vaso en granadina o menta para luego untarlo y en azúcar.

Durante un baile de carnaval un cliente decidió ausentarse y disfrazarse de forma distinta para acercarse a dar una broma a su propia esposa que ignoraba el cambio de disfraz de su marido. (No son los de la foto de arriba) Con buenas maneras e insistentemente estuvo dando la lata a su mujer con la complicidad de otra pareja que la acompañaban. Durante un largo tiempo, esta señora hizo gala de una firmeza asombrosa ante aquella pesada y anónima máscara:  << Vete y déjame tranquila, por favor, so cansino >> le dijo en varias ocasiones hasta que al final se descubrió el complot. Hubo risas en abundancia por parte de todos.  Risas que no tuvo aquella otra joven cuyo padre vino a buscarla para llevársela a casa, y avisada por un empleado, tuvo que darse a la fuga con su novio por la puerta del almacén que daba a unos tejares que había bordeando el Arroyo del Matadero para evitarse problemas.

Vamos terminando este relato agradecido de nuevo a Pedro Merlo, hombre todo terreno y pieza clave de aquella novedosa discoteca que lo mismo lo veías en taquilla, junto a Pepe, que, atendiendo a proveedores, poniendo discos y cuidando el ambiente con toda discreción, porque había que cuidar mucho de que no se desmadrara nadie.

Me llamó mucho la atención, cuando me defendía ya algo  en inglés por aquel tiempo  la letra de la canción    “Junto a los ríos de Babilonia (Tigris y Éufrates)”, tema de   Boney M del año 1977, basada en el salmo 137 de la    Biblia donde habla de aquellos hebreos deportados a    Babilonia que colgaron sus instrumentos y se negaron a cantar sus bellas canciones porque añoraban su querida Jerusalén, con la pena del que está lejos y cautivos, y  es que los recuerdos generalmente regulan nuestra actitud  en el presente. A todos nos vienen a la memoria las vivencias de aquella época, tal vez un poco mitificada, que no fue ni mejor ni peor, sino anterior como dice una conocida periodista. Hoy la mayoría hemos cambiado, pero guardamos recuerdos de la juventud de entonces, miramos atrás analizando aciertos y errores, nos acordamos de aquellas músicas, pero no con nostalgia para entristecernos, sino siempre mirando adelante con la voluntad de aportar nuestra experiencia para bien de nuestro entorno.  FELICES FIESTAS

 

Jose luis lopez frutos.

Profesor de inglés y corresponsal de IDEAL

 

 

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