¿
UN NUEVO MONSTRUO?
De vez en cuando saltan a la
palestra informativa noticias de muertes relacionadas
con cualquier tontería, como un partido de fútbol, una
música alta, y otras más graves, como desapariciones de
niños, de adolescentes o de personas mayores; sin venir
a cuento, desaparecen y nadie sabe dónde se encuentran a
pesar de que se ponen todos los medios físicos y
tecnológicos al alcance de la búsqueda.
Parece que estemos creando un
nuevo Frankestein. Un nuevo monstruo hecho de retazos de
todas las cosas desagradables que hay en la vida. Una
atrocidad. ¿Qué esta pasando? Unos dicen que es un
problema racial; otros, económico; los más, de falta de
valores; la mayoría a una deformación de la sociedad
propiciada por el Estado de Bienestar: La cuestión es
que una mayoría de nuestros jóvenes, no de todos los
jóvenes, se ha amoldado a vivir bien, muy bien, diría
yo; y esto ha derivado en una holgazanería generalizada
para muchos jóvenes; insisto, no todos los jóvenes.
He leído en el diario EL MUNDO
una entrevista realizada a Amy Chua, la llamada madre
tigre, en la que indicaba como había educada a sus
dos hijos: Lo hacía desde una óptica oriental en
contraposición con la occidental. Decía que los
occidentales hemos malcriado a nuestros hijos, dándoles
todo aquello que nos han solicitado sin pedir un
esfuerzo para conseguirlo; simplemente se les ha dado.
Esto ha traído la holgazanería para los más jóvenes. El
esfuerzo, la formación académica, la solidaridad, la
educación cívica, el decoro, la cultura, el pundonor son
valores, y sobre todo, palabras que, a la mayoría de
nuestros jóvenes les suenan a tontería. Repito, no a
todos, pero sí a una mayoría. Vemos como nuestros
jóvenes se emborrachan en los botellones, cada vez a
edades más tempranas, y los mayores encima les ponemos
un lugar para que lo hagan y así tener tranquilidad y
que no nos molesten. En estos lugares se consumen y se
venden drogas, llegando incluso a peleas que han llevado
la muerte a jóvenes. Eso sí, lejos de nosotros para que
no nos molestaran.
Pero para llegar a esta
situación antes han perdido todos los valores, o la
mayoría de ellos, que antes indicaba. En los colegios,
institutos y universidades hemos visto como el esfuerzo
era olvidado y el sistema educativo rebajaba sus
objetivos a la baja, para conseguir aquello de “todos
tienen derecho a obtener un título”. Pues va ser que no
es cierta esta aseveración. En estos lugares de
sabiduría, se supone, hemos visto como la autoridad y el
respeto se ha perdido; como se ha pasado de un “don” a
un “tú”. Tratando a los maestros como a iguales. Hemos
dejado “toda la educación” en manos de la escuela, los
institutos y universidades, pero le hemos quitado al
profesor la autoridad para impartir esta educación. Así
es imposible. La educación se da en la familia. El padre
ha de ser padre, el maestro ha de ser maestro, y no
hemos de ser ninguno de los dos, colegas, ni de nuestros
hijos, ni de nuestros alumnos. Es por eso que la mayoría
de ellos están confundidos porque no distinguen la
autoridad de su padre y del maestro con la del colega y
el “que pasa tío”, “hola colega” se dirige tanto al
padre como al maestro.
Para llegar a esta situación los
jóvenes han contado con la colaboración de los políticos
que, con su forma de entender la sociedad, han llegado
al extremo de regalar ordenadores a todos ellos, cuando
los maestros y la administración no los tienen y carecen
de los medios más elementales para desarrollar su
trabajo. Les han concedido becas, las cuales siempre se
han concedido sobre parámetros de esfuerzo; menos ahora
que se dan en la época de las elecciones y, muchos de
los jóvenes se las han gastado en ciclomotores. Han
llegado, los políticos hasta el extremo de elevar la
edad penal de 16 a 18 años, con lo que algunos de los
crímenes más monstruosos que se han cometido, lo han
hecho jóvenes menores de 18 años, que están en libertad,
antes de cumplir los 25, como máximo. Y, encima, se les
asignan pensiones, cuando salen de las prisiones.
Podría hacerse un libro sobre
las condiciones en que se encuentran los jóvenes, no
todos. Pero la realidad es que parece que estemos
creando un nuevo Frankestein. Un nuevo monstruo que no
sabemos a dónde nos va a llevar.
Cándido T. Lorite