UN COMPLEJO DESASTRE
Uno de cada dos jóvenes menores de veinticinco años no
tiene trabajo.
La tasa de más del cuarenta por ciento duplica al paro
juvenil europeo.
Es un completo desastre que toda una generación se halle
perdida, dependiente del resto de la ciudadanía.
Hoy ser joven no es tarea fácil para aquellos que no
aceptan esa situación angustiosa, ese negro horizonte de
su presente infeliz.
Y es que no hayan modo natural de integrarse en la
carrera inicial de sus vidas al trabajo que supongan
tener inclinación, y derivado de él a encontrar su
independencia y capacidad propia de subsistir, y
derivado de ello a formar una familia, tener hijos, a
hacer lo que cualquiera ha soñado durante generaciones y
generaciones, o simplemente a vivir como les parezca.
Deambular en la edad, tener las manos atadas en la
plenitud mental y física va dejando por el camino una
legión de mocetones de mirada perdida y brazos caídos,
mocetones que empiezan a vivir desde la supeditación
absoluta, la indigencia personal, jóvenes que caen en
los excesos a que aboca la desidia por la perdida de
demasiados valores básicos.
Ser joven sin aspirar a nada deja estigmas en el deseo,
voces deshechas de preguntarse qué hacer, y al fin ante
tan insalvable desgracia, ante la catástrofe de su
destino, qué pueden hacer sino descender a ese frío
mundo de cultivo al olvido.
La fe ha de tener origen, el ánimo se alimenta de ánimo,
y la abulia haya su oasis en no tener nada en qué
pensar.
Es una ruina irremediable para el país ya que debieran
ser buena parte de los cimientos de
su estructura futura.
¿Pero qué hacer, qué toro coger antes por los cuernos?
Juan Risueño Lorente