NAPOLEÓN
Bonaparte
volverá
a
Bailén
a
participar
en
la
recreación
de
la
batalla
que
se
va a
hacer
en
octubre
de
este
año.
Pero
no
será
el
emperador
que
gobernó
Francia
entre
1799
y
1815,
sino
un
descendiente
de
él
que
es
doctor
en
Economía
por
la
Sorbona
y
primer
teniente
de
alcalde
de
Ajaccio.
Se
llama
exactamente
Charles
Napoleón
Bonaparte
y
también
es
presidente
de
la
Federación
Europea
de
Ciudades
Napoleónicas.
Uno
de
sus
objetivos
es
que
Bailén
forme
parte
de
dicha
federación,
así
se
lo
comunicó
personalmente
al
alcalde
de
esta
localidad,
Bartolomé
Serrano.

-Sirvan
estos
doscientos
años
para
olvidar
de
una
vez
un
pasado
lleno
de
guerras
y
construyamos
entre
todos
un
mundo
mejor-,
fueron
sus
palabras
al
que
esto
escribe.
El
príncipe
Charles
Napoleón
Bonaparte
nada
tiene
que
ver
con
su
antepasado,
el
emperador
de
Francia.
Si
aquel
era
bajo
y
achaparrado,
este
es
alto
y
apuesto.
Si
aquel
era
ambicioso
y
dictador,
éste
es
tolerante
y
amante
de
paz.
Si
aquel
era
una
persona
capaz
de
intrigar
por
conseguir
el
poder,
éste
es
una
persona
que
está
dispuesta
a
que
los
hombres
reconozcan
los
errores
del
pasado
para
no
volver
a
cometerlos.
«Mi
concepción
de
la
herencia
familiar
-que
me
ha
correspondido
por
los
azares
del
nacimiento-
no
consiste
en
glorificar
las
páginas
del
pasado,
sino
en
velar
porque
la
Historia
sea
tratada
de
manera
honrada.
Únicamente
reservo
el
poder
emitir
sobre
esta
historia
un
juicio
de
demócrata
y
europeo
sincero.
Eso
es
tanto
como
decirles
que,
a
título
personal,
no
me
identifico
con
la
invasión
de
España
por
las
tropas
de
mi
antepasado».
Charles
Napoleón
Bonaparte
dio
hace
unos
días
una
conferencia
en
Granada
sobre
la
campaña
bélica
de
su
antepasado
en
España.
Comenzó
la
misma
haciéndose
las
siguientes
preguntas:
«¿Por
qué
en
octubre
de
1807
Napoleón
entra
en
guerra
con
España,
que
había
sido
largo
tiempo
aliada
de
Francia?
¿Cómo
un
hombre
surgido
de
la
Revolución
francesa,
que
tenía
por
principio
liberar
a
los
pueblos,
pone
en
su
contra
al
pueblo
español?
¿Era
realmente
necesaria
la
guerra,
cuando
en
1801
Napoleón
había
obtenido
que
España
ocupara
Portugal
y
que
la
marina
española
combatiera
contra
Inglaterra
al
lado
de
la
francesa
hasta
perder
en
1805
lo
esencial
de
su
flota
en
Trafalgar?»
Reconoce
Charles
Napoleón
Bonaparte
que
el
que
fuera
emperador
de
Francia
entre
1799
y
1815,
cometió
un
error
al
invadir
España
e
intentar
jugar
con
la
monarquía
española.
Esta
es
su
versión:
UNA
vez
convertido
en
emperador,
Napoleón
pensaba
que
el
mejor
medio
de
asegurar
su
posteridad
era
conseguir
que
los
tronos
de
Europa
fueran
ocupados
por
los
miembros
de
su
familia.
En
España
se
aprovechó
de
una
doble
torpeza
de
la
familia
real:
el
príncipe
Fernando
planeaba
la
caída
de
Godoy
y no
encontró
otro
medio
que
proponer
a
Napoleón
su
boda
con
una
princesa
de
la
familia
del
emperador
a
cambio
de
su
apoyo
contra
el
favorito.
Al
descubrir
la
trama,
Godoy
convence
a
Carlos
IV
para
que
detenga
a su
hijo.
Por
su
parte,
Carlos
IV
no
encuentra
medio
más
juicioso
que
pedir
consejo
a
Napoleón,
que
es
tomado
como
mediador
de
la
crisis
dinástica
española.
Recordemos
brevemente
cómo.
Como
combinación
de
una
intriga
aristocrática
y
del
descontento
popular
contra
la
inmoralidad
de
Godoy,
el
17
de
marzo
de
1808
estalla
el
motín
de
Aranjuez.
Godoy
dimite
y el
rey
Carlos
IV
abdica.
Según
parece,
Napoleón
modificó
su
designio
para
España
a
raíz
de
esta
doble
renuncia.
Si
inicialmente
había
pensado
derribar
a
Godoy
para
reemplazarlo
por
un
hombre
de
su
elección,
la
rebelión
de
hijo
contra
padre
le
permite
apuntar
hacia
el
trono
de
España.
Para
resolver
el
conflicto
familiar,
Napoleón
convoca
a la
familia
real
en
Bayona,
algo
que
choca
considerablemente
a la
opinión
pública
española.
El 2
de
mayo
de
1808,
cuando
se
quiere
hacer
subir
a la
carroza
al
hijo
menor
de
Carlos
IV,
estalla
un
tumulto
que
Murat
reprime
duramente.
¿Se
han
llevado
a
nuestro
rey
y
ahora
quieren
arrancarnos
a
todos
los
miembros
de
la
familia
real!
¿Muerte
a
los
franceses!
Gritan
los
sublevados.
Se
producen
cientos
de
muertes
y al
día
siguiente
se
realizan
ejecuciones
masivas.
¿Son
las
famosas
jornadas
del
2 y
3 de
mayo
inmortalizadas
por
Goya!
La
brutalidad
del
golpe
de
estado
de
Bayona
provocó
el
desprecio
de
la
nación
española,
incluso
de
numerosos
afrancesados
-y
Goya
era
uno
de
ellos-
que,
frustradas
sus
esperanzas
de
expulsar
a
Godoy
con
la
ayuda
de
los
soldados
franceses,
comenzaron
a
ver
a
Napoleón
como
un
déspota
que
había
traicionado
los
ideales
de
la
Revolución.
TAMBIÉN
reconoce
el
príncipe
Charles
que
la
rebelión
que
a
partir
de
mayo
de
1808
ruge
en
España
no
proviene
de
los
Borbones
ni
de
la
nobleza.
Procede
de
los
medios
populares
y de
la
base
de
la
Iglesia.
La
crisis
económica
generada
por
el
bloqueo
continental
arruina
a
comerciantes,
artesanos
y
agricultores,
mientras
que
el
clero
y
los
grandes
propietarios
temen
las
consecuencias
de
los
cambios
que
llegan
de
Francia.
En
cuestión
de
días
se
levanta
un
ejército
de
campesinos
y
artesanos
bajo
el
mando
de
soldados
profesionales.
Los
grandes,
los
ricos,
las
autoridades
civiles,
todos
aquéllos
que
tenían
miedo
del
desorden,
se
alinean
con
José
Bonaparte.
El
representante
de
la
revolución
francesa
era
sostenido
por
las
fuerzas
del
orden
y
contra
el
pueblo.
El
descendiente
de
Napoleón
piensa
que
Bailén
tuvo
su
importancia
bélica
porque
debido
a
esa
batalla
el
rey
impuesto
José
I se
da
cuenta
de
que
no
todo
iba
a
ser
del
color
de
rosa
como
se
lo
había
pintado
su
hermano
Napoleón.
Dijo
que
la
lucha
de
los
españoles
por
lo
que
creían
que
era
suyo,
era
una
lucha
legítima.
A
pesar
de
todo,
piensa
que
José
I no
hubiera
sido
un
mal
rey
para
España.
Así
resume
la
etapa
de
aquel
rey
impuesto:
«Contaba
con
el
afecto
y la
confianza
de
su
hermano,
con
quien
había
crecido.
Por
obediencia,
este
republicano
acepta
convertirse
en
soberano
de
pleno
derecho
con
la
intención
de
hacer
de
España
una
nación
libre
e
independiente.
Su
espíritu
reformista
se
verá
constantemente
contrariado
por
la
tutela
de
los
militares
y
del
embajador
de
Francia,
que
le
muestran
lo
que
Napoleón
espera
de
él:
no
entorpecer
la
guerra
que
está
llevando
a
cabo
sobre
suelo
español.
En
los
escasos
espacios
de
libertad
que
le
dejan,
José
prueba
a
poner
en
marcha
una
acción
reformista
calcada
de
los
principios
de
la
Revolución
Francesa.
Se
propone
trabajar
por
la
libertad
religiosa:
abolición
de
los
tribunales
de
la
Inquisición,
reducción
del
número
de
conventos,
autorización
de
la
masonería.
En
el
plano
administrativo,
acometió
la
división
del
país
en
prefecturas
y
secciones
militares
como
en
Francia.
Lanzó
un
programa
de
institutos,
una
escuela
de
agricultura,
un
conservatorio
de
artes.
Justo
todo
aquello
que
podía
haber
sido
del
gusto
de
los
afrancesados,
que
habían
estado
esperando
que
las
reformas
de
la
Revolución
alcanzaran
finalmente
su
país.
Reconozcamos
a
José
Bonaparte
el
mérito
de
haber
intentado
transformar
la
sociedad
española
en
el
sentido
de
la
libertad.
No
obstante,
su
gobierno
nunca
pudo
ganar
para
su
causa
a la
mayoría
de
la
opinión
pública.
Porque,
al
mismo
tiempo
que
gobierna,
dirige
una
campaña
militar
con
los
ejércitos
de
su
hermano.
En
realidad,
la
guerra
se
halla
completamente
en
las
manos
de
los
mariscales
de
Napoleón,
los
cuales
no
tienen
ninguna
consideración
por
este
civil
poco
atento
a
los
asuntos
bélicos.
Su
posición
será
siempre
precaria.
La
derrota
de
Bailén
(1808)
le
obliga
a
abandonar
la
capital;
una
campaña
victoriosa
en
Andalucía
(1810)
lo
devuelve
a
ella.
Será
incapaz
de
oponerse
a la
anexión
por
Francia
del
territorio
situado
en
la
margen
izquierda
del
Ebro.
La
derrota
de
los
Arapiles
le
obliga
de
nuevo
a
dejar
Madrid.
La
derrota
de
Vitoria
en
1813
desembocará
en
el
tratado
de
Valençay
y el
retorno
de
Fernando
VII,
retenido
hasta
entonces
en
Francia
como
prisionero.
Tan
pronto
como
regresó,
el
rey
se
apresuró
a
reinstaurar
el
Antiguo
Régimen
y
abolió
todas
las
reformas
de
José».
DE
todas
maneras,
Charles
Napoleón
Bonaparte
es
un
hombre
de
este
tiempo
y no
de
aquel.
Es
un
profundo
defensor
de
la
democracia
y de
los
derechos
humanos
y un
pacifista
convencido.
«Un
pueblo
sin
historia
es
un
pueblo
sin
porvenir.
España
y
Francia
tienen
un
futuro
de
paz
asegurado
en
el
espacio
europeo.
Forman
parte
de
las
naciones
privilegiadas
que
pueden
decir
-con
una
mirada
humana-
que
sus
fronteras
no
están
amenazadas
por
ningún
enemigo.
Por
ello,
pueden
conversar
sobre
sus
conflictos
del
pasado
como
naciones
amigas.
Es
más,
yo
diría
incluso
que
en
este
pasado
conflictivo
se
basa
su
amistad»,
terminó
diciendo.