Seríamos capaces los
españoles de hacer algo así ?
Políticos incapaces,
a la cárcel !
Políticos corruptos,
a la cárcel !
Banqueros ladrones,
a la cárcel !
Banqueros
incompetentes, a la cárcel !
. . . pero antes,
que devuelvan sus sueldos y lo que nos han
robado !
SIN NOTICIAS DE ISLANDIA:
Si alguien cree que no hay censura en la actualidad,
que me diga si así como se ha sabido todo lo que
pasa en Egipto, porque los periódicos no han
dicho nada de nada sobre lo que pasa en Islandia :
En Islandia, el pueblo ha hecho dimitir a un
gobierno al completo, se nacionalizaron los
principales bancos, se decidió no pagar la deuda que
estos han creado con Gran Bretaña y Holanda a causa
de su mala política financiera y se acaba de crear
una asamblea popular para reescribir su
constitución.
Y
todo ello de forma pacífica. Toda una revolución
contra el poder que nos ha conducido hasta la crisis
actual.
He aquí, por qué no se han dado a conocer hechos
durante dos años :
¿Qué pasaría si el resto de
ciudadanos europeos tomaran ejemplo?
Esta es, brevemente, la historia de los hechos:
2008. Se nacionaliza el principal banco del país. La
moneda se desploma, la bolsa suspende su actividad.
El país está en bancarrota.
2009. Las protestas ciudadanas frente al parlamento
logran que se convoquen elecciones anticipadas y
provocan la dimisión del Primer Ministro, y de todo
su gobierno en bloque. Continúa la pésima situación
económica del país.
Mediante una ley se propone la devolución de la
deuda a GB y Holanda mediante el pago de 3.500
millones de euros, suma que pagarán todos las
familias islandesas mensualmente durante los
próximos 15 años al 5,5% de interés.
2010. La gente se vuelve a echar a la calle y
solicita someter la ley a referéndum.
En enero de 2010 el Presidente,
se niega a ratificarla y anuncia que habrá consulta
popular.
En marzo se celebra el referéndum y el NO al pago de
la deuda arrasa con un 93% de los votos.
A todo esto, el gobierno ha iniciado una
investigación para dirimir jurídicamente las
responsabilidades de la crisis. Comienzan las
detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos.
La Interpol dicta una orden, y todos los banqueros
implicados, abandonan el país.
En este contexto de crisis, se elige una asamblea
para redactar una nueva constitución que recoja las
lecciones aprendidas de la crisis y que sustituya a
la actual, una copia de la constitución danesa.
Para ello, se recurre
directamente al pueblo soberano. Se eligen 25
ciudadanos sin filiación política de los 522 que se
han presentado a las candidaturas, para lo cual sólo
era necesario ser mayor de edad y tener el apoyo de
30 personas.
La asamblea constitucional
comenzará su trabajo en febrero de 2011 y presentará
un proyecto de carta magna a partir de las
recomendaciones consensuadas en distintas asambleas
que se celebrarán por todo el país.
Deberá ser aprobada por el
actual Parlamento y por el que se constituya tras
las próximas elecciones legislativas.
Esta es la breve historia de la Revolución
Islandesa: dimisión de todo un gobierno en bloque,
nacionalización de la banca, referéndum para que el
pueblo decida sobre las decisiones económicas
trascendentales, encarcelación de responsables de la
crisis y reescritura de la constitución por los
ciudadanos.
¿Se nos ha hablado de esto en los medios de
comunicación europeos?
¿Se ha comentado en las tertulias políticas
radiofónicas?
¿Se han visto imágenes de los hechos por la TV?
Claro que no.
El pueblo islandés ha sabido dar una lección a toda
Europa, plantándole cara al sistema y dando una
lección de democracia al resto del mundo.
Ahora quieren entrar en Europa, pero ¿no podríamos
ser todos islandeses?
La revolución silenciada de Islandia
La información ha sido siempre un arma de poder.
Controlar la información es controlar lo que la
gente conoce y, por lo tanto, condicionar su visión
de la realidad y, con ella, sus acciones. En
nuestras sociedades mediáticas, la información se ha
convertido en el centro de la batalla política, pues
el acceso de los ciudadanos al mundo, a la realidad,
se realiza a través de los medios de comunicación.
Lo que no aparece en los medios, no sucede.
Esa es la máxima que se ha debido de aplicar con el
extrañísimo caso de Islandia. Sí, Islandia. Islandia
debería ser noticia, portada de informativos. ¿Por
qué? Pues porque en
Islandia, la población ha tomado las calles,
cacerola en mano, para mostrar su radical oposición
a su gobierno. Y la movilización ciudadana no
solo ha provocado dos crisis
de gobierno, sino que ha forzado un proceso
constituyente, la redacción de una nueva
Constitución que evite que se repitan situaciones
como las que se han producido a lo largo de esta
crisis global. ¿Y qué situaciones son esas? Los tres
bancos principales de Islandia se lanzaron, al
abrigo del neoliberalismo rampante, a una política
de compra de activos y productos fuera de sus
fronteras. Como ha ocurrido con numerosas entidades
bancarias, esos productos resultaron ser basura, de
esa que a Rodrigo Rato le parecía una estupenda
apuesta financiera cuando era director del FMI, lo
que llevó a las citadas entidades a la bancarrota
por sus deudas en Holanda y Gran Bretaña. El
gobierno islandés procedió a nacionalizar los bancos
y a asumir sus deudas.
Ello supuso que cada ciudadano de Islandia se
encontrara con una deuda de 12.000 euros. Como
ocurre por todas partes del planeta, la mala gestión
de entidades privadas debe ser enjugada por
instituciones públicas y, por lo tanto, por la
ciudadanía en su conjunto. La diferencia radica en
que los ciudadanos islandeses, ante el escándalo de
la situación -escándalo que es asimilable al que
sucede en todos los países occidentales- se
rebelaron contra su gobierno. Así, se lanzaron a
la calle, exigiendo que no
se pagara la deuda de otros. Unos otros que
cuando tienen beneficios no se acuerdan de los
ciudadanos y los estados, pero que recurren ansiosos
a ellos cuando se encuentran en situaciones de
apuro. El gobierno, que insistía en pagar la deuda,
por la presión del FMI y de los gobiernos de Holanda
y Gran Bretaña, se vio forzado a convocar un
referéndum, en el que el 93% de la población se negó
a pagar la deuda de otros. Ello provocó una crisis
política de profundas dimensiones que ha desembocado
en dos crisis de gobierno y en la creación de una
comisión de ciudadanos de a pie encargados de
redactar una nueva Constitución. Los islandeses se
han hartado de que les tomen el pelo y han decidido
tomar su destino en sus propias manos. El caso es
sorprendente. Pero lo que quizá sea más sorprendente
es que este proceso, que se viene desarrollando en
los dos últimos años y que está en plena
efervescencia, con una ofensiva del Partido
Conservador para declarar ilegal el proceso
constituyente (¡qué miedo tienen los conservadores
de toda laya a la ciudadanía!), que este proceso,
insisto, no
haya merecido un solo comentario en los informativos.
Cuando los volcanes de Islandia estallaron hace
meses, sus cenizas cubrieron Europa y provocaron un
enorme caos aéreo. Probablemente, el temor de que
las cenizas del volcán político islandés provocaran
efectos sociales en Europa es una explicación
plausible de este silencio. El efecto contagio, lo
hemos visto en el Magreb, es una de las
características de la sociedad mediática.
Los islandeses nos muestran un camino diferente para
salir de la crisis. Tan sencillo como decir basta y
recordar que la política, y quienes la ejercen, debe
estar al servicio de la ciudadanía, y no de los
intereses de entidades privadas cuya voracidad, cuyo
egoísmo, cuya falta de ética está en el origen de
esta crisis. En Islandia se ha cursado orden de
detención contra los ejecutivos de las entidades en
cuestión. En Islandia, arrinconando a los partidos
sistémicos, empeñados, como aquí, en someterse a los
dictados de los mercados, la ciudadanía se ha
convertido en protagonista. Los islandeses lo han
dicho claro: que
las deudas las paguen los que las generan, que la
crisis la pague los que la han producido.