Los alcaldes valientes
Ahora el patriotismo se demuestra saliendo a la calle con la
bandera de España porque el equipo nacional ha ganado el
campeonato de Europa, pero hubo un tiempo en el que el
patriotismo era otra cosa, algo más peligroso y que había que
demostrarlo sabiendo que si decías ¿viva España!, te podían
fusilar junto a las paredes de una iglesia, para que te fueras
antes con Dios.
Manuel Atienza, Alfonso Navarro, Juan Fernández, Francisco
Moreno Seguro que a ustedes estos nombres no les dicen nada,
pero fueron alcaldes de varios municipios granadinos (La Peza,
Atarfe, Otívar, Alhendín, Válor ) que hace doscientos años no
pudieron soportar que su patria estuviera invadida por los
franceses y que murieron defendiendo su tierra al grito de ahí
te pudras Napoleón. Como yo sé que en esta época de mindundis en
el poder y de cosas políticamente correctas, nadie se va a
ocupar de ellos, he decidido dedicarles esta columna a esos
valientes que derramaron su sangre en nuestra provincia por
defender lo que creían que era suyo.
Y digo que nadie se va a ocupar de ellos porque hoy nos la cogemos con papel de fumar y no está entre los planes de las instituciones recordar aquel rancio patriotismo que desembocó en uno de los reinados más nefastos que se conocen: el de Fernando VII. Pero si olvidamos la demagogia patriotera y nacionalista que manipula hasta la sangre más honrada de los muertos, y también la otra demagogia estúpida que se niega a aceptar los ángulos de sombra que existen en la Historia, el ejemplo de aquellos hombres nos debería servir a la hora de saber hasta dónde es capaz de llegar una persona por una fe, una idea o una patria. Hoy los alcaldes están más por saber cuánto les va a dejar la recalificación de unos terrenos o en engatusar al electorado para conseguir un puñado de votos, pero los alcaldes de hace doscientos años eran capaces de tirarse al monte y de ensartar franceses para decirle a Napoleón que esta tierra era nuestra y de nadie más. Como Manuel Atienza, el alcalde carbonero de La Peza, que hizo un cañón con un árbol hueco y cuando lo hizo disparar murieron más paisanos que franceses. Tan bruto como valiente, cuando lo iban a coger los gabachos para fusilarlo, se tiró por un tajo. Antes dijo aquello de «La Peza no se rinde porque La Peza soy yo». A Alfonso Navarro, alcalde de Atarfe, le dijeron que gritara ¿viva José I! antes de meterle seis trabucazos entre pecho y espalda.
Los franceses no lo entendieron pero en vez de eso dijo:
«¿Que os den 'porculo'!» ¿Y qué me dicen del alcalde de Otívar?
Con una partida de 400 hombres puso en jaque a los franceses que
ocupaban Granada. Le ocasionó tantos dolores de cabeza al tal
Sebastiani que puso nada menos que a todo su ejército a
perseguirlo.
Hoy, en esta época en la que la única patria para muchos
alcaldes es el dinero y que algunos salen en los periódicos
esposados, camino del trullo, por haber metido la mano en la
caja del erario público, el ejemplo de patriotismo de aquellos
alcaldes debería ser recordado. Digo yo.

