Ladrones
de
Suelo
DE
acuerdo,
antes
también
había
muchos
mangantes
y
muchos
sinvergüenzas,
pero
no
robaban
a
espuertas
llenas
como
han
hecho
todos
esos
alcaldes
y
concejales
que
están
en
la
trena
por
corruptos
y
por
tener
las
manos
demasiados
largas.
Digo
que
antes
la
cosa
era
al
menos
más
inocente.
Uno
iba
a
comprar
a la
tienda
del
barrio
y se
podía
encontrar
con
una
balanza
con
más
trampas
que
una
película
de
chinos.
Había
quien
tenía
una
guita
atada
a la
balanza
donde
se
ponía
la
mercancía
para
que
el
tendero
pudiera
sisar
algunos
gramos.
Aquellas
pesas
redondas
eran
manipuladas
por
algunos
desaprensivos
comerciantes
para
que
los
clientes
no
se
dieran
cuenta
de
que
se
habían
quedado
con
parte
del
género.
Como
no
teníamos
pesos
en
nuestras
casas,
no
podíamos
comprobar
que
un
kilo
de
habichuelas
era
un
kilo
de
habichuelas,
no
novecientos
gramos.
En
muchas
tiendas,
en
un
letrero
lleno
de
cagadas
de
moscas,
ponía
eso
de:
«Existe
a
disposición
del
público
un
juego
de
pesas
y
medidas».
Pero
nadie
lo
pedía,
entre
otras
cosas
porque
no
existía.
Todos
sabíamos
que
el
tendero
nos
sisaba,
y,
de
alguna
forma,
se
lo
consentíamos.
Lo
mismo
que
le
consentíamos
al
lechero
que
le
echara
agua
a la
leche
y al
tabernero
que
bautizara
al
vino.
Un
día
a un
tabernero
de
mi
pueblo
lo
pillaron
agregando
agua
al
Jumilla
que
vendía
y
ante
el
reproche
del
que
lo
observaba,
dijo:
-Si
yo
lo
hago
por
el
bien
de
los
clientes.
Con
dos
vasos
de
vino
se
pueden
emborrachar
y
hay
que
llevarlos
a
sus
casas.
Con
lo
que
yo
les
sirvo,
pueden
llegar
perfectamente.
Un
municipal
de
aquellos
que
iban
por
las
calles
comprobando
con
un
densímetro
de
cristal
el
agua
que
llevaban
las
cántaras
de
leche,
le
dijo
a
uno
de
los
lecheros
que
acababa
de
inspeccionar.
-Hoy
te
has
pasao
,
Fulanico.
-Qué
va
zeñó
guardia,
eso
es
que
la
vaca
esta
noche
ha
debío
de
beber
mucha
agua.
Había
quién
le
echaba
piedras
pequeñas
a
las
lentejas
para
que
pesaran
más
e
incluso
quien
manipulaba
la
romana
para
que
los
pavos
aumentaran
de
peso.
Ahora
todos
los
ladrones
son
a lo
grande.
Nada
de
sisar
unos
gramos
de
salchichón,
se
quedan
con
el
salchichón
entero.
Nadie
tiene
paciencia
para
enriquecerse
poco
a
poco,
como
Dios
manda,
sino
que
quieren
tener
abultadas
cuentas
corrientes
con
dos
o
tres
pelotazos.
El
urbanismo
hasta
ahora
ha
sido
el
sector
que
lo
ha
consentido,
se
ha
convertido
en
esa
ciénaga
putrefacta
en
la
que
todos
los
amantes
del
dinero
fácil
se
revuelcan.
Yo
me
alegro
mucho
cada
vez
que
veo
a un
sinvergüenza
esposado
camino
del
trullo
por
haber
trapicheado
con
unos
terrenos.
Pero
luego
me
apena
saber
que
por
cada
uno
que
trincan
hay
diez
todavía
que
piensan
que
es
posible
enriquecerse
con
tejemanejes
recalificatorios.
Por
eso
propongo
que
en
todos
los
ayuntamientos
se
ponga
un
letrero
muy
grande
que
diga:
«Existe
un
juego
de
esposas
a
disposición
del
que
robe
suelo».
Tal
vez
así
alguno
se
lo
pensaría
antes
de
meter
la
mano
en
donde
no
debe.
Andrés
cárdenas