LA RISA
Somos tan cerrados, tan aisladamente nuestros que cuando
alguien poco conocido se detiene a decirnos cuatro
cosas, a hacernos alguna gracia lo tomamos por idiota.
Tenemos todo cerca, y el resto atado, no intenta
sorprendernos lo que sabemos de sobra, nuestro vivir y
sinvivir son dos extremos que aunque repetidos siguen
jugando a ser. Es tanto, como lo mismo, o nada. Como un
tren que no ha de salirse de la vía. Bellos lugares
ajenos que cruza de paso. Mucho mundo y evidentemente
ninguno.
Que no vengan a contarnos nuestros credos gente extraña
rompiendo el dique de lo creado, que no vengan con sus
risas contagiosas tendidas en las manos; si están
consumidos los rostros transparentes, si la soledad
tiene puerta pero está cerrada, si abrirla es un lejano
oído, un vicio ya sin causa, una sensación ciega.
Con la risa hoy ocurre que cada día al mostrarse se
diluye.
Es así.
Hoy alguien se detuvo a decirles cuatro cosas, a hacer
alguna gracia a varios obreros en plena faena en la
calle y lo tomaron por idiota.
Yo también.
Juan Risueño Lorente