LA POLÍTICA AL SERVICIO DEL BIEN COMÚN

 

Una vez que ha pasado la marea electoral y el azul se ha instalado en gran parte del mapa político español, me viene a la cabeza el lema de uno de los Congresos de católicos y vida pública que anualmente organiza la Universidad CEU San Pablo, mi universidad: “La política al servicio del bien común”. Estas sencillas palabras me han ayudado a reflexionar durante estos días posteriores a los comicios y quiero compartir con vosotros esta reflexión.

España tiene en su haber más de treinta años de democracia. Atrás quedan los importantísimos momentos de la Transición con Adolfo Suárez al frente de un Gobiernoespectacular. Lo califico de esta forma porque consiguió lo que hasta entonces parecía una utopía en nuestro querido país: cambiar de régimen desde el consenso y la paz, sin derramamientos ni armas (cosa que en periodos anteriores era algo cotidiano). Atrás quedaron, también, unas Cortes Constituyentes cuyo fruto inmaculado fue la Constitución Española de 1978, Norma Normarum de nuestro ordenamiento jurídico, que encarna en su totalidad aquel espíritu que, sinceramente, hoy no es fácil percibir.

 

¿Qué ha sido de aquella clase política? ¿Por qué ellos eran tan valorados, y actualmente nadie confía en los políticos? ¿Qué ha cambiado? Son preguntas difíciles de contestar, máxime ahora que nos dejamos influenciar en demasía…

Pensando en todo esto llegué a una conclusión que curiosamente comparto con Jaime Mayor Oreja: España necesita una regeneración moral pero también política. Moral porque hemos perdido (o parecen haberse diluido) los principios más fundamentales: sacrificio, trabajo, sinceridad, honradez. Política porque esta actividad se ve minusvalorada continuamente por los ciudadanos (la corrupción, la extravagancia en otros casos han favorecido esta visión) cuando realmente constituye un pilar fundamental de la sociedad.

 

Y aquí viene el enlace con el título de este escrito: el bien común. La política es una tarea cuya finalidad es olvidarse de sí mismo y trabajar por los demás. Recordad a José Gabriel, un chico de Alguazas, que fundó su propio partido local para defender los intereses de sus vecinos en el Consistorio. Trabajar por los demás. ¿Qué necesitan mis vecinos? ¿Cómo podemos solucionarlo? Eso es la política (el argumento podemos extrapolarlo al resto de administraciones obviamente) Política no es sólo aparecer en una candidatura: es escuchar, comprender, trabajar.

 

La visión opaca que tiene la sociedad es evidente y muchos factores han influido en ella: la corrupción, la necesidad de sangre joven en los partidos, la innovación, la falta de debate político (debate real, no lo que se ve en ciertos programas de TV); la búsqueda del interés personal antes que el bien general… Si no cambiamos esto, de nada sirve el sistema. Esto es lo que da credibilidad y no otra cosa. Si no confiamos en los políticos que gobiernan nuestras instituciones mal vamos, señores.

Esta regeneración debe pasar por un ítem: ¿cuál es la verdadera función del político? Antes, se decía “buscar el bien común”, “dejar de lado sus intereses” etc. Son términos muy abstractos que caen en el vacío si no concretamos. El político se preocupa no sólo por sus votantes sino por el conjunto de la sociedad. Desempeña un papel fundamental representando a los ciudadanos en las instituciones (ya sea un ayuntamiento; ya el Congreso) Por tanto no trabaja por y para sí… sino que trabaja en nombre de. Debe atender las necesidades y darle soluciones efectivas, muchas de ellas difíciles de conseguir y no tan inmediatas. Es decir, ahondar en el bien común, el de todos y no el de unos pocos.

 

La actividad política es uno de los trabajos innatos al hombre que vive en sociedad. En la antigua Grecia era una función que ennoblecía a la persona. Lástima que ahora no sea así; debería de serlo. Y para recuperar esa esencia tenemos que trabajar todos juntos: los cabezas de listas, los candidatos, los militantes de base, la propia sociedad en su conjunto.

Ahora se abre una nueva oportunidad para aprender de los errores del pasado. Juntos podemos hacer de la política lo que realmente es, el desempeño del servicio por y para los demás. Así creo que se irá construyendo una sociedad más justa, más noble y se irá dignificando y regenerando una actividad que actualmente tiene resquebrajados dos pilares fundamentales: la credibilidad y la confianza.

 

Rafael J. Delgado Vivar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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