la
plancha del Reloj
Después de
unos días recluido en mi
casa- menos mal que es
fresquita- por causa del
tremendo calor sahariano que
nos asedia, me he decidido a
salir al banco y a hacer
cuatro mandaos que tenía
pendientes. Lo primero que
hice fue visitar la Plaza
del Reloj ya que me habían
dicho que habían quitado las
vallas y estaban las
maquinas ya echando el
asfalto en todo el
perímetro. Me dirigí a la
Plaza con ilusión para ver
que sorpresa me llevaría
tras largos meses de
odiosas tapias protectoras y
opresoras.
Pensaba
ver una plaza perfectamente
integrada en este querido
rincón de la ciudad. Pensaba
que los adornos acuáticos
estarían de nuevo ahí para
mitigar los rigores del
estío y el arbolado, aun
incipiente, estaría ahí
presente de nuevo con
promesas de acogedoras
sombras y cumpliendo su
tarea decorativa y amable.
Pues nada de eso; ante mi
vista se abría un espacio
inhóspito y desangelado, en
tono grisáceo (¡ con los
ladrillos vistos y losas
cerámicas que tenemos en la
ciudad en tonos acordes con
el entorno!) y de una
“sosez” difícilmente
imaginable. Un desierto de
granito
monótono, impersonal y
difícilmente transitable
cuando el calor apriete en
la terrible canícula
bailenense. Tres arbolitos,
eso si, llamados magnolios,
se encuentra allí como
gallina en corral ajeno.
Lo que antes
era una plaza coqueta y
refrescante, es ahora una
“plancha”, no de planchar,
sino de cocinar. Una plancha
que ya la quisieran
los bares de Bailen
para
sus gambas a la tal. Una
plancha que achicharrará sin
piedad a aquellos que se
atrevan a cruzarla a pleno
sol a las cuatro de la
tarde. Una plancha que trae
de la mano el temido cambio
climático a los vecinos de
la zona. ¡Pobres amigos
comerciantes que están a pie
de calle rodeando este
desierto urbano! Reforzad
vuestros aires
acondicionados que la que se
os avecina no es chica.
Claro con eso arrojareis aun
más calor a la calle. La
pescadilla que se muerde la
cola. Un lío.
Es cierto que
necesitamos un parking, que
había que hacerlo, pero… ¡
joer con la terminación! Si
alguien no lo remedia o
tiene alguna brillante idea,
seremos candidatos al premio
de plaza más fea a nivel
internacional. Algo es algo.
Lo que
yo digo; a partir de ahora
tendremos “La Plancha del
Reloj”. Saquen ustedes sus
carnes, longanizas y
mariscos , aderécenlos según
sus gustos y déjenlos sobre
la superficie granítica
unos minutos, luego inviten
a sus amigos a degustarlos.
Quedará como un señor. Lo de
freír un huevo en Écija,
será una ridiculez al lado
de lo que nosotros podamos
cocinar en nuestra “plancha”