La higiene, ya digo, no era para tenerla tan en cuenta como se tiene ahora. La famosa Posada del Peine la llamaban así porque había un peine para todos los clientes de la pensión. Para que no se lo llevaran, el dueño lo ataba con una guita al lado del espejo. En aquellos tiempos los barberos tenían colgada siempre del sillón de afeitar una cáscara de nuez que pendía de una cuerda. La utilizaba para los clientes de edad avanzada y de rostro arrugado. Les hacía meter la cáscara de nuez en la boca para que les abultara los carrillos y así poder mejor afeitarles. Luego, cuando terminaba, le daba un agua y servía para el próximo cliente. En Torredelcampo, cuenta Juan Eslava, había un fígaro rural que utilizaba esta técnica pero con una bellota. Se llamaba Petete. Un día entró un forastero a que lo afeitara. Petete le dio una bellota brillosa que tenía en la repisa del espejo y le dijo:
-Métase usté esto en la boca, buen hombre, y la va poniendo
. Es pa que se puedan planchar las arrugas.
Obedeció el forastero celebrando mucho la idea
del rapador. Al terminar y mientras se calaba el
sombrero para salir, el forastero preguntó:
-Oiga usted, ¿y nunca se ha dado el caso de que
un cliente se trague la bellota?
A lo que el barbero, con seráfica sonrisa,
respondió:
-Muchas veces, pero como en este pueblo somos
mu honraos
y nos conocemos
tos,
Juan Pedro 'El Ranas', el niño más espabilado de mi pandilla infantil, alquilaba su bañador a perra gorda para que los niños nos pudiéramos bañar en una alberca donde iban las vacas a beber agua. Íbamos nadando y teníamos que quitarnos las ovas de la cara. Y el bañador iba pasando de cuerpo en cuerpo hasta que se caía de viejo.
Seguro que muchos de ustedes habrán puesto cara de asco al leer estos ejemplos reales revestidos de anécdotas, porque hoy día no se imaginan ustedes que un solo peine pueda servir para muchas personas o que una cáscara de nuez pudiera ir de boca en boca, pero es que antes pocas personas estaban realmente preocupadas por la higiene personal. Había otras preocupaciones como llenar la andorga o simplemente sobrevivir.
Ahora, como digo, hay exceso de higiene. Nos bañamos en el mar, nos vamos a la ducha que hay al lado del mar, llegamos a nuestra casa y nos duchamos nuevamente. Y si sudamos un poquito, otra vez a la ducha. Joder, que el otro día me miré el brazo y creo que me están saliendo escamas como a los peces.

