Un poco de historia quizá sirva para
desentrañar todo lo que va a ir escrito después. No por
complejo, sino como explicación de algo que no ha debido
suceder.
Corría el año 1978 y me encontraba de
vacaciones de Navidad en Jaén, pues trabajaba como maestro en
Barcelona; en esa época estaba en el Colegio La Paz del barrio
de la Verneda. Tenía el colegio la friolera de 64 clases. Una
inmensa colmena de alumnos a los que enseñar. Estaba metido en
política, en el PSP de Tierno Galván, con cargo importante, que
no viene a cuento indicar. Hablando con mi padre acerca del
Estatuto de Autonomía de Cataluña que se estaba empezando a
discutir y a escribir, (se aprobaría por referéndum el día 2
5
de octubre de 1979), le dije: “Es importante que las regiones de
España tengan una autonomía con la que poder desenvolverse y
gobernarse por ellas mismas en algunos aspectos”. Mi padre,
republicano de IR, de Azaña, me dijo:” Hijo, es una barbaridad.
Lo que tú me dices y que yo leo ya se hizo en los años de la
República y fue una barbaridad. Los cargos, carguillos y
enchufes se multiplicaron rápidamente entre ellos, de tal manera
que era imposible hacer nada. Un desorden total. Si saliera
adelante el de Cataluña y, como parece, Vascongadas (entonces),
Galicia y Andalucía, esto no habrá quien lo pague. Será un caos
terrible. Leyes cada uno, dispares y distintas entre si y entre
el estado”. Le respondí: “No será para tanto. El gobierno lo
parará en su momento, si esto se desmadra”. Respuesta de mi
padre:”Para cuando quiera hacerlo, ya será demasiado tarde.
Habrán crecido demasiado y serán como pequeños estados o grandes
cortijos”.
Esta conversación quedó grabada en mi
mente durante muchos años. Ahora con el paso del tiempo ha
vuelto a mi mente, como si la estuviera teniendo de nuevo con mi
padre, muerto en 1992. Ya tuvimos otros diálogos en los que tuve
que ir dándole la razón acerca de la conversación mantenida años
atrás.
Me encuentro en 2011 y, por desgracia,
no tengo a mi padre, al que darle la razón de lo que me dijo,
totalmente, coma a coma y punto por punto. No se equivocó en
nada. Por desgracia para España y para los españoles. ¿Quiere
esto decir que yo no soy partidario de las autonomías? Nada más
lejos de la realidad. Participé y voté la catalana de 1979, hice
la manifestación en Cataluña de 4 de diciembre de 1979 en
defensa de la de Andalucía, con la muerte en Málaga de Caparrós
y un millón de andaluces en Cataluña a favor de la autonomía y,
muchos más en Andalucía, en aquella fastuosa manifestación. Hice
campaña a favor del sí, tan difícil de conseguir en Andalucía,
pues se pedía lo que a ningún otro, el 50% más un voto de todos
los votantes, una barbaridad. Aparte de lo enrevesado de la
pregunta que se hacía. En definitiva estaba y estoy a favor de
las autonomías, pero…
Yo siempre pongo un pero, porque si no
la vida no tendría “pimienta”, “salchipirri” que se suele decir.
El pero es fácil de comprender. Creo yo. El famoso café para
todos de Clavero Arévalo fue nefasto. Con cuatro autonomías, las
históricas, conseguidas a través del artículo 151 de la
Constitución, Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía, eran
suficientes. No más. Y, además, no en la magnitud alcanzada por
éstas, una atrocidad.
Hemos creado 17 autonomías con 17 jefes
y un colosal despilfarro económico, imposible de digerir por el
Estado. Hemos pasado de 600.000 funcionarios del año 1979 a
3.200.000 del año 2010. No se puede sostener un estado con
ayuntamientos, diputaciones, autonomía y gobierno central.
Imposible. Añadamos a esto las televisiones públicas locales,
regionales y autonómicas, con sus respectivos enchufados; los
más de 4000 entes autonómicos creados a espaldas de las
autonomías, donde son enchufados todos los políticos, amigos y
familiares de los que gobiernan. Añadan la Visa, los coches
oficiales, blindados y sin blindar, chófer. ¿Sigo? No creo que
sea necesario; en la mente de todos los lectores están presentes
todas las cosas que están sucediendo al socaire de las
autonomías. ¿Hay crisis? Claro que la hay y para solucionarla no
vale con congelar las pensiones, quitar los 420 € a los parados
de larga duración, y muchas más cosas, escritas por mi en otros
artículos que se pueden leer en bailendigital.com. Se soluciona
la crisis, eliminando los muchos enchufes, los entes creados,
quitando la Visa, eliminando coches oficiales, cargos a “dedo”,
consejerías que no sirven para nada, delegaciones de
consejerías que tampoco sirven para nada. Televisiones
regionales obsoletas, deficitarias y aculturales totalmente,
donde campan a sus anchas, gente que no tiene ninguna valía,
pues están sólo por ser algo de alguien que manda o tiene un
poco de poder. ¿A que nos vamos comprendiendo, queridos
lectores?
Si la enseñanza fuera del Estado, no
habría 17 historias de España circulando por ahí, cada una
distinta de la otra. Ni 17 geografías. Todos sabrían lo mismo
acerca de lo más importante. Hoy en día los estudiantes de
España no se saben la geografía de España ni la historia de
España, por no decir la literatura, el arte y otras muchas cosas
de España. Es un verdadero caos. Me lo dijo mi padre y no lo
creí en su momento. Ahora lo creo totalmente. Es más tendría que
decirle que se equivocaba de cabo a rabo. No es lo que él
pensaba. Es mucho peor. Porque él pensaba en cuatro autonomías y
hay 17. Además hay que añadirle el desmembramiento que está
sufriendo España. Los nacionalismos y su poder, cada vez más
grande. Vamos, pensando ya, ellos, en la independencia.
Es triste, muy triste, lo que está
pasando en España con la enorme crisis que tenemos encima. Pero
podemos ponerle remedio si hacemos caso a lo que escribo, que no
son ideas mías, sino de la gente que, como mi padre, vivió en
carne propia lo que sucedió con las autonomías. Eliminemos,
según los mercados, lo superfluo de las autonomías, devolvamos
al poder central, al gobierno central, lo que nunca se le tuvo
que dar a las autonomías de una manera tan bestial y en su
totalidad. Devolvamos la enseñanza, la justicia y alguna cosa
más y seremos capaces de salir de la crisis. Trabajemos por
España y no por tener un enchufe y quedarme tranquilamente sin
hacer nada, pues yo ya estoy “apañao” que decimos por aquí.
España no se puede permitir esta clase
de políticos que sólo piensan en chupar del bote y de la teta
del estado. Eliminemos todo lo superfluo de las autonomías y
podremos salir adelante. Pongamos de nuestra parte, todos, y
saldremos adelante. Los jóvenes piensen en lo que tienen,
piensen en nuevas industrias, no en las viejas. Pónganse manos a
la obra y defiendan con uñas y dientes, por medio de la
inteligencia y la cultura, lo que tienen y lo que pueden
conseguir. Así saldremos de la crisis. No pensando en
subvenciones ni en papá estado. Trabajando.
Cándido T. Lorite