Dolor y llanto desconsolado en el entierro de Lucia.
Las
campanas de la torre de la parroquia de la Encarnación
no sonaron a funeral con su cadencia clásica de
tañidos distanciados y tristes, sino con la fuerza de
las campanas al vuelo de fiesta mayor, y es que el acto
fúnebre de despedida a Lucia, de cinco años, fue la
despedida de un ángel que vuelve al cielo, según el
sentir de gran parte de las personas asistentes al
entierro. Es un << hasta luego>> fueron las palabras
del oficiante, Eugenio Casado, párroco del templo, quien
con mensajes de consuelo para los familiares y
especialmente para los padres de la niña, Juan Antonio
y Mari Carmen, se dirigía al numeroso público que
ocupaba el interior del recinto religioso.

Personas de
todas las edades tanto de Bailén como de Jabalquinto,
localidad de donde procede el padre de la pequeña,
llenaban la nave de este amplio templo.<< Es duro y
difícil asociar la niñez con la muerte, y más cuando se
trata de una muerte como esta >> comenzaba la homilía
del párroco que fue recorriendo distintos pasajes del
Evangelio referentes al amor fraterno y la resurrección. << Como seres humanos, hemos de dejar que la Justicia
humana siga su curso pero debemos amarnos como nos mandó Jesuscristo sobre todas las cosas >> destacó aludiendo,
tal vez, a la situación del detenido como presunto
autor del atropello de la niña, quien pasaría a
disposición judicial el mismo día del entierro imputado
de varios delitos.
Al terminar la
ceremonia los familiares mostraban un notable
cansancio motivado por tantas horas de vigilia en
el tanatorio y, sobre todo, por tener que pasar
por los
difíciles trámites y momentos que que les han
sobrevenido desde el pasado jueves por la noche. Por esa
razón, lo que es el tradicional "pésame" persona a
persona fue suprimido para no alargar mas la fatiga y
el dolor de la familia.
Dos coches
funerarios cargados de coronas de flores esperaban en la
puerta del templo. En el primero de ellos, en medio de
lágrimas y llantos, fue de nuevo instalado el féretro
blanco de una niña de cara angelical y pelo rizado
rubio, según los que la conocían, y trasladada al
cementerio municipal en donde estuvieron los mas
allegados para darle sepultura. Pasarán muchos días
para que se deje de comentar este hecho que ha sacudido
con fuerza a una población que intenta vivir su día a
día en paz y convivencia a pesar de los malos tiempos
que atraviesa.