sociedad que no sabe, o no puede
proporcionarles los medios para evitarlo.
Es
indignante que un futuro en plena ebullición sea asumido como una carga,
indignante que ese brío, esa fuerza natural, no tome parte en el ciclo natural
de un país moderno. Indignante la falta de libertad que eso conlleva, la
dependencia a que obliga.
Indignante la resignación, la pasividad, con que éste, otros gobiernos han
afrontado el no aprovechamiento de sus valores, la pérdida por el nulo
rendimiento de sus dones, han afrontado la triste realidad de tan serio
problema, y que conducirá a un desequilibrio económico de décadas.
Es
lógica y corta la reacción de la juventud en movimientos como el del 15-M. Quizá
no acertada en la fecha por la proximidad de las elecciones, incitando a pensar
que podía estar, o ser manipulada por algún lobo de echar cuentas, ser
acompañada por cualquier zángano de apuntarse a un bombardeo, por tanto radical
con careta, quizá no compartida por los ciudadanos que en Madrid se han visto
perjudicados en sus negocios, por los acomodados, por tantos que incluso hasta
indignarse les importa un rábano. Pero
es comprensible y además un punto de inflexión a un momento crítico de paro y
desgobierno. Con tan plena razón del basta ya, con tan pleno derecho del hasta
aquí hemos llegado.
En
cambio es insultante que amparados en ellos, y ocultos tras su mensaje, si bien
tibio e irrealizable por su falta de asesoramiento y criterio en varias
peticiones antidemocráticas, surjan los violentos de turno, los antisistemas, o
sea, los antipolíticos, los anticiudadanos, los antitodo. Es
insultante el estado de sitio a que han forzado al parlamento catalán, la
agresividad mostrada en las investiduras de puntuales ayuntamientos, el acoso al
alcalde de Madrid, o en otros actos vandálicos. Y eso amparados en que los
políticos temen. Tienen miedo a dar el primer paso, al no equivocarse, al
sopesar qué beneficios o prejuicios les reportará actuar con contundencia o el
dejarles hacer. Crudo y sucio, como siempre, juego político.
Así
el 15-M y su protesta justificada y pacífica ha derivado en el 15-J, un brazo
virulento que deben con celeridad amputar. Su guerra es la pacífica de Valencia
en la investidura de Camps, la del insulto a Cayo Lara, un avispado que quiso
sacar provecho político de la situación, su guerra es la de la lógica
indignación, la de incordiar al sistema, la de hacer pensar que este no es de
ningún modo el camino, que algo, sea lo que sea pero ya, hay que cambiar.
Ayer, 16 de junio, firmó RICARDO una viñeta acertadísima en el diario EL MUNDO:
Un
chico del 15-M muestra al paso de
unos políticos su pancarta: NO NOS
REPRESENTAN, y otra pancarta al paso
de jóvenes violentos: ESTOS TAMPOCO.