COSAS
QUE
JAMÁS
DEBERÍAN
REGALARTE
La
unión
entre
dos
personas
que
se
quieren
es
algo
hermoso
que
el
amor
reviste
de
belleza
y
que
la
familia
y
los
amigos
se
encargan
de
desvirtuar
tirando
de
tarjeta
de
crédito
y
monedero
para
llenar
el
nidito
de
amor
de
los
contrayentes
de
objetos
que
van
más
allá
de
la
ética
y
que
por
supuesto
rompen
con
cualquier
canon
de
la
estética
en
busca
de
la
cima
del
mal
gusto.
Así
que
"vamos
por
partes"
que
hubiera
dicho
Jack
el
destripador
y
"poco
a
poco"
que
le
hubiera
respondido
Aníbal
Lecter.
Así
que
seamos
sinceros
y
reconozcamos
que
en
las
bodas
se
regalan
cosas
muy
feas
y
que
lo
único
que
valen
es
para
estropear
la
decoración
al
pisito
de
los
contrayentes.
A
ver
que
alguien
me
cuente
si
ha
sido
capaz
de
sacar
la
mantelería
bordada
en
portugués
que
nos
regalo
tía
Enriqueta
y
que
hacía
juego
con
el
frutero
de
bakelita
en
tono
pastel
en
el
que
ni
las
moscas
se
paraban.
Por
no
hablar
de
los
dos
candelabros
de
brazo
doble
en
bronce
que
aún
siguen
en
la
caja
llorando
que
no
se
disfrute
su
estilo
rococó
junto
con
la
muñeca
con
boina
y
cornetín
que
él
le
trajo
de
cuando
hizo
la
mili
en
Cerro
Muriano.
Y
que
me
dicen
del
dilema
al
que
se
ven
sometidos
los
recién
casados
con
el
reloj
de
cuco
de
la
selva
negra
que
les
acaban
de
regalar.
Lo
colgamos
o
nos
colgamos
de
sus
piñas
piensan
los
contrayentes.
Que
no
salen
de
su
asombro
cuando
Eufemia,
la
vecina
de
la
esquina
de
la
calle
les
hace
entrega
de
la
colección
completa
de
las
bailarinas
de
Dégas
en
relieve
y en
marco
ovalado
para
el
pasillo
que
son
un
primor.
Y
que,
además,
la
sobrina
chica
que
es
un
hacha
con
los
pinceles
ha
pergeñado
un
bonito
óleo
para
el
cuarto
de
estar.
Se
titula
payaso
con
arlequín.
Tampoco
hay
que
olvidarse.
Siempre
hay
alguien
que
se
acuerda
de
regalarla.
De
la
casita
en
madera
de
pino
para
guardar
las
llaves.
Para
que
esté
todo
ordenado
y no
encima
del
taquillón
que
luego
se
estropea
la
madera
con
los
llaveros.
Además,
dice
tu
primo
Juan:
“que
bonito.
Una
casa
para
guardar
las
llaves
que
abren
tú
casa.
Que
gran
paradigma
y
fíjate
también
te
he
traído
un
barómetro.
Con
su
fraile
del
tiempo
que
señala
cuando
hará
bueno
o
malo.
Lo
puedes
poner
junto
con
el
plato
que
te
traje
de
Torrevieja:
recuerdo
del
mesón
Gabino”.
Y
ahí
es
ya
cuando
te
sientes
como
la
novia
en
Kill
Bill
echando
mano
de
la
espada
antes
de
que
sea
demasiado
tarde.
Pero
esto
no
es
todo.
No
hay
que
dejar
de
señalar
al
florero
rinconero
con
un
montón
palitroques
pintados
de
colores
que
cada
vez
que
lo
miras
se
te
meten
en
los
ojos.
Esa
sopera
de
loza,
con
seis
platos
hondos,
seis
platos
llanos
y 2
ensaladeras
a
juego,
que
te
regaló
tu
cuñada
( la
muy…)
y
que
se
ha
convertido
en
el
almacén
de
los
tornillos
que
se
le
caen
al
carrito
auxiliar
para
las
bebidas
que
tú
madre
se
empeñó
a
comprar
al
grito:
es
que
esto
queda
muy
fino.
Para
otro
día
buscaremos
una
respuesta
lógica
a
los
motivos
que
tuvo
tu
jefe
para
regalarte
un
perro
de
cerámica
a
tamaño
natural.
Además
te
llamó
por
teléfono
para
darte
la
oportunidad
de
elegir
raza.
“Peláez,
a
usted
que
le
gusta
más
el
Gran
Danés,
el
Bóxer
o el
Dálmata”.
Por
no
hablar
de
la
docena
de
copas
de
champaña
en
cristal
tintado
en
alegres
colores
y
los
101
marcos
de
plata
que
te
dieron
en
una
caja
en
la
que
escrito
con
un
rotulador
Carioca
se
podía
leer
“ya
tendrás
tiempo
para
llenarlos
con
las
fotos
de
los
nietos”.