Atónito
Contemplo atónito la
televisión, cuando entre personajillos indecorosos del
mundano mundillo rosa que nos envuelve y rodea a diario,
emerge la figura de un botijo en el que se puede leer de
forma clara: BAILÉN. Y más atónito todavía cuando entre
el enjambre del público diversos rostros se me hacen
conocidos.
Y mi incredulidad
alcanza límites insospechados cuando veo el dantesco
espectáculo al que se vio sometida esa madre, engullida
por esas fieras que no conocen de honestidad ni ética. Y
pienso en esa hija, ya pasto de una espiral que no
conoce de intimidades ni dignidad.
Y me pregunto cuánto
“de bien” nos hacen cosas como estas. Y me pregunto que
gana Bailén como pueblo con todo esto. Y pienso que
aquel autobús lleno de paisanos podría haber desviado su
camino aquella mañana y hacer una parada aunque fuera
testimonial y por poner un ejemplo así al azar, en el
Prado.
Y pienso, porque así
lo pienso, que muchos de nosotros ni estaban ni querían
sentirse representados aquella tarde por aquel botijo,
por aquella madre y por su hija.
Y me vuelvo a
preguntar qué pensará nuestra historia de todo esto. Y
la historia muy poco tarda en responderme: -Mejor ni
preguntes hijo, mejor ni preguntes.
Pedro J. Lendínez de
Haro.