HISTORIA del cuadro. La batalla de Bailén del 19 de julio de 1808 fue mucho más importante por sus consecuencias que por sus peculiaridades intrínsecas. La resonancia de la victoria española provocó desde la primera hora una importante producción de literatura encomiástica por nuestra parte y la de nuestros aliados, y otro de retórica atenuante y justificativa del lado francés que en algún caso desemboca en una visión homérica de la derrota. El volumen de textos puede llegar a dificultar la conceptuación exacta del suceso pero no ha impedido su sereno tratamiento por la mayoría de los pintores españoles, como Ricardo Balaca, Ferrer Dalmau, José Causachs y Causachs y el mismo Casado del Alisal que es sin duda el que mejor se aproximó al tema.

A título de pura curiosidad, es interesante anotar, que el célebre cuadro de José Casado del Alisal, La rendición de Bailén, no es imagen fiel de una realidad concreta, sino una especie de refundición alegórica de varias escenas distintas, por lo menos dos, ya que consta que fue el 23 de julio de 1808, cuando se celebró el desfile de Dupont y sus tropas rendidas ante Castaños, y que al día siguiente lo hicieron las restantes tropas napoleónicas, bajo el mando de Vedel y Dufour.

El cuadro fue pintado entre 1863 y 1864 en París y enviado a Madrid en 1864, nada más ser concluido, exponiéndose en el recién construido Teatro Real donde obtuvo un importante éxito de público, llegando a ser visto por los reyes Isabel II y don Francisco de Asís de Borbón. La reina quedó tan entusiasmada con la obra que la compró y otorgó a Casado el título de Pintor Honorario de Cámara.

En 1921 Alfonso XIII lo donó al Museo de Arte Contemporáneo y ocupó el piso superior de la Biblioteca Nacional por sus más que generosas dimensiones (5 por 3,38 metros), hasta que pasó al Casón del Buen Retiro donde se instaló en el salón central que el Museo del Prado ha dedicado a la pintura española del siglo XIX.



En el Casón del Buen Retiro. La ubicación de la 'Rendición' es no sólo la más adecuada sino sinceramente impresionante, sobrecogedora. El espectador al acceder a su contemplación queda cautivado por un conjunto abigarrado de personajes solemnes que nos cautivan e invitan a permanecer ajenos al tiempo en la estancia, rodeados de evocaciones memorables a nuestra historia. Allí, al entrar en la sala nos encontramos con Castaños, Reding, Dupont y sus estado mayores generosamente tratados e inmortalizados, los franceses aceptando la rendición, bien plasmada en el gesto de brazos extendidos y abiertos en actitud de aceptación de resultado de la batalla. El pacto que le ofreció Castaños fue generoso y humanitario, rasgos que se evidencian en la compostura de ambos contendientes, con el sudor y el polvo aún sobre sus uniformes. Subyugados por la visión tardamos en percibir otros momentos de nuestra historia: 'El fusilamiento de Torrijos', de Gisbert; 'Doña Juana la Loca', de Pradilla; 'Los amantes de Teruel', de Muñoz Degrain; 'Las hijas del Cid', de Teófilo de la Puebla y 'Demencia de doña Juana de Castilla', de Lorenzo Vallés. En otras salas se encuentran, entre otras, 'Revista de tropas por la Reina Gobernadora e Isabel II', de Mariano Fortuny; 'La muerte de Viriato' de José Madrazo, y los 'Testamentos de Isabel la Católica', 'Presentación de don Juan de Austria' y 'Muerte de Lucrecia', de Eduardo Rosales; además de paisajes de Carlos Haes y Palmaroli, y sobre todo la impresionante decoración de la bóveda con la alegoría del 'Origen del toisón de oro", de Lucas Jordán.



Valor documental de 'La Rendición de Bailén'. Al contemplar 'La rendición de Bailén' es inmediata la asociación con 'La rendición de Breda', de Velázquez, como al contemplar 'El fusilamiento de Torrijos', de Gisbert, lo asociamos con los de Goya, si bien la forma de tratar el tema es marcadamente diferente. El sentido escenográfico de la obra puede resultar teatral, pero no es menos cierto que esa teatralidad y sus grandes dimensiones venían a satisfacer los afanes patrióticos, revolucionarios, el interés por los episodios bélicos, románticos o crueles, el desconcierto político, la incertidumbre religiosa y los desastres económicos. 'La rendición de Bailén' es la obra de un artista coherente con su época, un momento de crisis para la Monarquía española, es la obra de un artista con los mismos sinsabores e ilusiones que la mayoría de españoles, que intentaron contribuir a la solución de los problemas en la medida de sus posibilidades y recursos, Casado del Alisal lo hizo pintando aquellos temas que creyó más adecuados a sus circunstancias.

Aspecto a tratar es el de su veracidad. Si dividimos el cuadro en dos zonas, a la derecha del espectador aparecen los franceses y a la izquierda los españoles. Entre estos destaca Castaños en actitud gentil, detrás de él Reding, el artífice de la victoria, en actitud más orgullosa, entre ambos la otra gran figura de la batalla, el general Manuel de la Peña y, entre otros, Jones y probablemente Tomás Moreno, Cuartelmaestre General o Jefe del Estado Mayor. Constituye una nota histórica la presencia de algunos garrochistas de Jerez o Utrera en referencia a las fuerzas irregulares que intervinieron en la lucha, dispuestas de tal manera que es un homenaje a 'La rendición de Breda', de Velázquez. Entre los franceses destacan Dupont, orgullos, Gobert, Marescot y Charbert, quizá otro de los representados sea el general Fresia.

Influencias de Velázquez, Gros y Gerard. Tras los grupos de personajes del primer plano se desarrolla una visión panorámica del lugar de la batalla así como de las banderas y guiones, que refuerzan el recuerdo velazqueño; también se advierte la influencia de los pintores franceses Gros y Gerard, especialistas en campañas napoleónicas, que no hacen más que resaltar la maestría de la técnica de Casado del Alisal. Las tonalidades que emplea son consecuencia del dominio de una amplia gama cromática de rica armonía, con la que crea una espectacular sensación atmosférica que indica el ambiente caluroso de un mes de julio en Jaén, otra deuda indudable al genio sevillano. El dibujo es muy firme y seguro destacando las actitudes y las expresiones de los personajes, con excelentes detalles que recogen a la perfección las vestimentas de ambos ejércitos, documentados excepcionalmente por Casado tanto en Madrid como en París. La zona de mayor calidad podría ser el grupo de soldados españoles donde encontramos una amplia gama de gestos y expresiones tomadas del natural, enlazando con el realismo imperante en los círculos artísticos. El equilibrado colorido, las armas de primer término, las mieses cortadas, el polvo que levantan las tropas vencidas, etc. son algunos de los elementos que hacen de esta obra una de las mejores muestras de pintura de historia.



Los protagonistas de la historia. En realidad, la rendición del 23 de julio que siguió a las capitulaciones del 22 en la Casa de postas fue acordada por los franceses Charbert y Marescot, franceses, y por los españoles Castaños, conde de Tilly y, después en Andújar, ratificada por Ventura Escalante, no estuvieron presentes Reding, Coupingi ni Gobert, muerto en Mengíbar. Mozas Mesa describió así el acontecimiento: «Junto a la venta del Rumblar, y extendidas por la carretera, formaron las divisiones de Manuel de la Peña y Félix Jones, con su general en jefe a la cabeza, comenzando el desfile de las tropas hasta el momento invencibles, y ahora abatidas y sonrojadas». Ciertamente en el cuadro aparecen personajes que no estuvieron en la situación recreada, el autor ha pretendido presentar a todos los elementos históricos que podían acrecentar su fuerza, y desde luego la figura de Gobert es la más lograda y sobresaliente de todo el conjunto. Su presencia es un acierto rotundo y la galería de retratos un homenaje a los esforzados héroes de la jornada, que se batieron con todas las fuerzas pero con mayor acierto de los estrategas españoles.



Los suizos. Otro aspecto de la magna batalla, que no desmerece nada a España subrayar, es la llamativa presencia de soldados suizos en sus filas como en las francesas. En el ejército napoleónico, los suizos llevaban uniforme rojo, y en el español, azul. En cierto momento de la batalla, cinco batallones de los primeros se encuentran cara a cara con medio batallón suizo al servicio de España. Tradicionalmente los suizos que se enganchaban al servicio de un país extranjero se consideraban dispensados de combatir a otros suizos. En este caso de Bailén, los suizos del lado francés estaban en un momento apurado y vieron el cielo abierto cuando identificaron entre sus atacantes a los suizos de España. Partió de aquellos el invocar dicho plausible principio y, con todo esto y las escenas de confraternidad, pasó el momento de peligro. Debe tenerse en cuenta que la presencia suiza en el ejército francés era más importante que en el español, de suerte que todo aquel bullicio le causó más perturbación que al nuestro.



Los españoles. Las divisiones del ejército de Castaños eran cuatro: mandaba la primera el suizo Teodoro Reding de Biberegg, mariscal de campo; la segunda, el del mismo empleo, marqués de Coupigny, francés, probablemente huido de su país cuando la revolución; la tercera, el también mariscal don Félix Jones, español de origen irlandés, y la cuarta, de reserva, el teniente general don Manuel de la Peña, marqués de Bondad Real. Castaños tuvo su puesto de mando en Andújar desde donde siguió las operaciones que desembocaron en una brillante acción militar, sólo enturbiada meses después por el pésimo aprovechamiento de tan titánico esfuerzo.



Los franceses. Fue decisivo para la victoria española que el general francés Vedel, que llevaba consigo a unos diez mil hombres, la mitad de las fuerzas francesas, se retrasase, como Grouchy en Waterloo, en entrar en combate, de modo que la tuvo que sobrellevar Dupont con la otra mitad de las tropas, y Vedel llegó cuando la acción había terminado. Se habla de que las tropas españolas eran superiores en número, y, aunque no fue la única vez que las fuerzas de Napoleón afrontaron una batalla en inferioridad numérica, está claro que lo fueron en concentración y eficacia. Se destaca singularmente la superioridad de la artillería española en cantidad y calidad, incluso algunos autores para disminuir el efecto de la derrota argumentaron que Dupont y su gente venían pasando fatigas desde Bayona, y que el 19 de julio en Andújar hacía calor, lo cual era más que una simple circunstancia que cualquier estratega no podría obviar en ningún momento.



Importancia del hecho narrado. El día 27 de julio de 1808 la alarma de José es completa: la noticia de la derrota de Dupont en Bailén ha llegado a él; todos los esfuerzos están señalados hacia la organización de un ejército que oponer a los españoles. «En caso contrario, será necesario abandonar Madrid, reunirse con el mariscal Bessières y esperar los socorros que, en todo caso, me son necesarios, y que ahora, sobre todo, serán más necesarios aún. Los ministros mismos están vacilantes. Son gente de honor, pero estoy convencido de que alguno de ellos no estaría donde está si tuviera libertad de opción», escribe al Emperador.

Era el comienzo del fin. Ha sido puesta de relieve la enorme trascendencia europea de la guerra en España, de aquella batalla y en particular de la actividad de las guerrillas españolas. El desgaste continuo infligido por éstas al invasor permitió a Alemania preparar su levantamiento. El general prusiano Scharnhorst estudió y aprovechó el experimento guerrillero español. Los poetas alemanes Moritz, Arndt, Schlegel y Kleist lo cantaron con inflamado entusiasmo. En 1944, un historiador soviético, Tarle, publicó en Moscú un libro donde hizo patente la influencia de la resistencia patriótica española en la rusa, de suerte que el zar, antes de trazar sus planes de guerra o de eventual paz, no preguntaba sino por el curso de la guerra de España; y a su vez, la propaganda soviética transportó el ejemplo español al choque ruso contra Hitler, en el cual tanto uso se hizo de la lucha guerrillera.

Sabían también los rusos que Napoleón se vio obligado a retirar tropas de Polonia para llevarlas a España y se propusieron ganar tiempo y fortalecerse para aguardar en las mejores condiciones posibles la invasión que a ellos le tocaría padecer tres años más tarde

Diario IDEAL 30-7-08