Estimados amigos os
escribo este correo para contaros de mi ultima
aventura vivida por la gran ciudad de Nueva York, a
algunos ya os he contado mas que de sobra de este
tema e incluso enviado fotos, pero a otros aún no
les había contado nada y aprovechando con algunas
fotos que me ha enviado la organización quería
calentaros la cabeza un poco expresando mediante mis
palabras lo mucho que me gusta el atletismo y que
vierais lo bien que me lo paso, pues como amigo que
soy imagino que os alegrareis de
ello!!!.

Gracias
a un programa que ha elaborado la Junta de
Andalucía, en colaboración con la Federación
Andaluza de Atletismo, he podido competir en la
maratón de Nueva York, representando a España,
aprovechando la ocasión para comunicarle, que ha
sido todo un honor para mí, poder participar en
dicho evento compartiendo un maravilloso equipo
formado por dos atletas con minusvalía, y por un
atleta masculino y femenino de cada provincia
andaluza, elegidos tras disputar un circuito de
carreras de fondo y ser estos respectivos ganadores.
Dicho circuito comenzó a finales del año pasado y
duró hasta finales de Junio.
Los atletas de Granada han sido Francisco Parejo,
dueño de la tienda de deportes Bikila en Granada y
la representante femenina ha sido Cecilia León quien
trabaja en el Gimnasio Olimpo de Granada, el que
tiene el gusto de escribirles es Jose Javier Olea,
nacido en Bailén(Jaén), pero residente en Castell de
Ferro,(Granada), por motivos de trabajo ya que es el
Oficial Jefe de la Policía Local de dicha localidad.
Francis Parejo realizo un tiempo de 2,40,46 quedando
en el puesto 144,
Jose Javier Olea realizo un tiempo de 2,43,11
quedando en la posición 185,
Cecilia León, realizo
un tiempo de 3, 19, 45, quedando con esta marca también entre
las mejores mujeres clasificadas.
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A continuación os contare alguna de las vivencias
que he tenido la suerte de vivir;
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Nuestro primer contacto del equipo con la gran
manzana tuvo lugar el miercoles previo a la maratón.
El gesto de sorpresa fue generalizado al recibirnos
esta impresionante ciudad, especialmente engalanada
durante la semana del gran evento deportivo, por lo
que es mundialmente conocida. Durante los días
previos al domingo, los que hasta este viaje
habíamos sido contrincantes, pasábamos a ser buenos
compañeros/as. Los momentos de nerviosismo, dudas,
alegrías, tristezas y demás sentimientos que
normalmente son muy personales pasaban a ser
compartidos por todos nosotros. Quizás el momento
más entusiasta lo alcanzamos las dos noches previas
coincidiendo con la ceremonia de inauguración y la
cena de la pasta, pues todo New York se pasea por
las calles envolviéndonos en una marabunta de
banderas, disfraces, colorido y alegría contenida
que nos hizo olvidar por un momento el gran evento
que nos esperaba al día siguiente.
Es necesario venir aquí para comprender la
magnitud de la Maratón de Nueva York; 47.000
corredores, mas de 2 millones de espectadores en la
calle, grupos musicales de entretenimiento en
distintos puntos de la carrera, miles de voluntarios
que repartían mas de 2 millones de copas de agua y
gatorade, y así podríamos seguir hasta no acabar.
Desde las 5 de la mañana se empiezan a
movilizar los autocares que desplazan a los atletas
hasta las distintas líneas de salida, colapsando las
inmediaciones del puente de Verrazano. Desde ese
momento empieza la liturgia clásica en estos
eventos; desayunos energéticos, masajes,
estiramientos, dolores abdominales y todo lo que a
cualquier atleta nos es habitualmente conocido. En
nuestro caso todos salíamos a la misma hora (9:40)
desde lo que aquí se conoce como “línea azul” justo
detrás de los atletas de elite, y gracias como no,
al dorsal 1022 que la organización me otorgó por mis
marcas. El desarrollo de la carrera nos ofreció una
excelente imagen de lo que es Nueva York; comenzando
por una emotiva ceremonia de inauguración en la que
una soldada nos canto el himno Americano a capela,
antes de dar entrada al pistoletazo de salida dado
por el Alcalde de Nueva York, que daba pie a la gran
canción de Sinatra de fondo que no dejaba de ponerte
los vellos de punta en ningún momento, en definitiva
una mezcla de cultura pero cada una de ellas
perfectamente identificada. El barrio judío y sus
rabinos manteniendo un silencio absoluto chocaba con
el gospel que nos recibía cerca del Bronx.
Aunque todo el mundo conoce la soledad del atleta de
fondo cuando avanza a lo largo de una maratón, en
este caso esta carece de sentido al verte en todo
momento arropado por el calor, el griterío y la
cortesía innatas de los neoyorquinos. El nombre de “Andalucía”
, "Spain", era pronunciado a lo largo de las
diferentes calles por las que atravesábamos, lo que
nos animaba para avanzar un paso mas. El final en el
Central Park puso el broche de oro a una carrera que
será imposible de olvidar. Las sensaciones en
general han sido buenas y en cuanto a resultados no
me quejo, por que termine la prueba, aun teniendo
unas molestias increíbles en los gemelos desde hacía
ya algunos días, y aunque fui entre los 100 primeros
durante mas de 35 kilómetros al final solo pude
acabar en el puesto 185, completando el recorrido en
un tiempo de 2,43 minutos, pero como ya digo,
almenos hice lo que pude en ese momento y acabe
delante de mas de cuarenta y pico mil personas, que
para mi es todo un honor, y sobretodo, sentí lo que
se siente al terminar una maratón...
Y bueno, Al cruzar la meta no termina la maratón de
Nueva York. Desde ese momento, los atletas avanzan o
al menos lo intentan, hacia sus respectivos
destinos, invadiendo las entrañas del metro que
recorre los subterráneos de esta gran ciudad. Los
dolores, o algunas malas sensaciones, son superados
por la amabilidad, cariño y ayuda que en todo
momento te ofrecen los voluntarios puestos por la
organización y sobre todo los propios neoyorquinos
que te acogen como si fueras uno mas de sus
conciudadanos. La palabra “congratulation” se
escucha a cada paso que das y no es extraño que se
paren y te pregunten como te ha ido, con una sonrisa
que no se aparta de sus caras cuando escucha tus
explicaciones, en el “spanglish” que en esos
momentos podemos expresar.
Lo que queda de domingo y el lunes hasta nuestra
partida lo dedicamos a compartir sensaciones con
numerosos atletas de todos los continentes que nos
encontrábamos en los monumentos típicos. No resulta
difícil identificar, no solo por la dificultad al
caminar, sino por la medalla que colgaba de nuestro
pecho, era la evidencia de haber concluido la
maratón.
Nos quedaba la parte mas ingrata del premio con el
que la Junta de Andalucía nos había gratificado, la
despedida de esta gran ciudad que nos había recibido
con los brazos abiertos. Sin embargo, siempre
quedara en nuestras memorias los inolvidables días
que hemos pasado, en los que ha florecido una
amistad que permanecerá para siempre.