Propietarios de pisos de un bloque de la calle Ortega y Gasset tienen serios problemas con sus viviendas

Cuando llega el verano, hasta las noticias se toman vacaciones; al menos eso pensaba hasta que, sin pretenderlo, tropiezo de boca con algo que, si bien lamentablemente, estamos  acostumbrados a oir o leer en las noticias, sin embargo, en lo que a mí respecta, nunca me deja indiferente: la falta de escrúpulos del Ser Humano.

Con motivo del Bicentenario de la batalla de Bailén,  pude contemplar como los vecinos habían adornado sus balcones con la bandera patria o local. Bandera de España por aquí, bandera de España por allá...Y, coño, eso no es una bandera, sino una pancarta. Mi curiosidad me empuja a acercarme hasta donde ondea la tela beige con letras negras; me pongo en la acera de enfrente y leo: PISOS CON GRAVES PROBLEMAS. ¡OJO CON LA COMPRA! Me quedé estupefacto. No por la gravedad de los problemas de los pisos porque a eso, tristemente, estamos acostumbrados, sino porque alguien, en un pueblo que llaman “ de los apañaos”, se preocupe de que nadie más cometa el error de comprar un piso en ese lugar.

 

Tengo la curiosidad al límite y me acerco a echar un vistazo a los buzones para saber quien ha tenido los redaños de poner sobre aviso a la población. Estoy a punto de llamar al portero automático cuando alguien sale del portal. Es una mujer, pelirroja., que me lanza una mirada entre interrogante y desconfiada. Le pregunto a bocajarro sí es ella quien ha colgado la pancarta y sólo responde afirmativamente cuando previamente yo, y a instancias suya, me he identificado. La siguiente pregunta es obvia ¿Por qué? Me responde que es largo de contar, pero que si realmente estoy interesado, y no es puro morbo sensacionalista, me cuenta los motivos que la han impulsado a recurrir a la pancarta. Su mirada y su voz parecen sinceras y le sugiero ir a una cafetería cercana para que me cuente todo lo que tenga que contar sobre este asunto.

 

Lo que me cuenta me deja boquiabierto porque, por más que escuchemos como los promotores dejan las viviendas a medias y luego “si te he visto no me acuerdo una vez que tengo tu dinero”, lo que en este caso ha pasado, la manipulación, las mentiras que se han inventado, la falta de escrúpulos que han tenido, dejaría pequeño a Al Capone. Aquí no sólo está en el ajo el promotor (En adelante El sinvergüenza), sino también la vendedora de la inmobiliaria, su exmujer (En adelante La sinvergüenza II) y un tal Antonio (Sinvergüenza III) que montó un teatrillo junto con los sinvergüenzas antes mencionados, haciéndoles creer a los futuros propietarios allí reunidos y que habían dado sus ahorros para la entrada de que todo estaba en orden y que cuando elevaran a público la Escritura no tendrían el más mínimo problema. Falso. Tienen problemas y muchos. Para empezar, la instalación de gas natural es defectuosa y no tienen suministro. Hay viviendo una familia con un bebé y han tenido que bañarlo calentando agua, como en los tiempos de mi abuela. Tampoco funciona el ascensor y, la propietaria de la pancarta tiene que subir cuatro pisos. Esto no sería grave si no fuera porque esta mujer padece una discapacidad y necesita el ascensor tanto como el aire que respira.

 

Según cuenta todo desde el principio a fin, observo su mirada de indignación, pero lo que me enternece es que está tan preocupada por lo que les ha pasado a ellos como lo que les pueda pasar a otros. Se ha enterado de que, al parecer, va a empezar a construir en Andujar y se angustia con sólo pensar que otras personas puedan pasar el calvario que está pasando ella y que, por las noticias que tiene, también hizo este promotor una faena semejante en Linares. ¿No hay forma de pararlo? ¿Es que nadie puede hacer nada para que esta gentuza no siga haciendo daño? Y me encuentro con que no tengo una respuesta satisfactoria. Lo único que me sale es encogerme de hombros; un gesto poco solidario, desde luego. Pero no se me ocurre qué responder.

 

Ahora en mi casa, con un refresco de naranja sobre mi escritorio, mientras escribo este artículo, pienso cómo ha podido suceder algo así. Como en el centro de un pueblo se han construido casi cuarenta viviendas con una licencia caducada. Cómo nadie ha ido a echar un vistazo a las obras para ver que se estaba extralimitando de la primera licencia concedida. Y lo peor, cómo es que a sólo 12 kms de distancia, en Linares, este promotor estafara a un montón de familias y a nadie se le ocurriera dar la voz de alarma a otros Ayuntamientos para evitar que tipejos como estos sigan construyendo. Tal vez sea porque últimamente prima más lo políticamente correcto y rentable en votos, que es dar empleo, y se está olvidando lo moralmente correcto que es proteger los derechos de los consumidores y, en resumidas cuentas, la dignidad de la persona.  De qué sirve dar licencia para construir con la expectativa de que se genere trabajo (Trabajo seguro, ahora cobrar...eso ya es otra cosa) si después quedan un montón de familias con pisos que no pueden habitar, hipotecados hasta el cuello y los sueños rotos.

 

Se cotillea de todo y sobre todo, pero luego, lo realmente importante, lo que de verdad hay que contar y que vaya pasando de boca en boca, eso se calla. Nunca entenderé el por qué.

Una afectada,