Hace
unos días, con motivo de la inauguración de un monumento
dedicado a Jesús de Haro Malpesa, estuve en Bailén. Fue
un acto sencillo, emotivo, lleno de mensajes… Allí había
un grupo reducido de personas, ya que el acto coincidía
en el tiempo y casi en la hora con la famosa final de la
Copa de Europa entre el Manchester y el Barça. Por
cierto, hubo representación de todos los grupos
políticos pero eché en falta a Simona Villar y Martín
Olea, las dos personas que encabezan las opciones
políticas más importantes en nuestro pueblo. O tenían
algún compromiso o prefirieron el fútbol.
Luego, por la noche, después del partido, asistí como
espectador a una gran concentración en Las Palmeras,
donde se juntaron cientos de personas para celebrar el
triunfo del Barça. Una euforia que duró varias horas y
que desplegó por todo el pueblo a coches que pitaban
insistentemente las bocinas con jóvenes ondeando
banderas del equipo culé, incluso enseñas catalanas.
Yo,
esa tarde, había dado un pequeño discurso con motivo de
la inauguración de la sede de la Asociación Jesús de
Haro y de un monumento dedicado a nuestro historiador
más insigne. Un discurso en el que hablaba de las
dificultades económicas por las que pasaba nuestro
pueblo, con el índice de paro más alto de toda
Andalucía. Decía que los ayuntamientos y los empresarios
debían de invertir más en Cultura porque ella es la que
hace que los pueblos progresen. Hablaba, totalmente
convencido, de la falta de oportunidades que tienen los
jóvenes y de lo mucho que necesita nuestro pueblo un
futuro que no esté sólo encaminado a la industria del
ladrillo. Les decía a los asistentes que la Cultura ha
sido siempre la cenicienta de muchos pueblos, que hasta
ahora han estado más interesados en conocer las
plusvalías de los terrenos que en organizar actos
culturales. Bailén, les arengaba, ya no es sólo historia
y cerámica. Bailén tampoco ya es sólo un yacimiento de
barro, es un yacimiento de inquietudes de jóvenes que
están demostrando que la Cultura es un bien con el que
debíamos de contar en el futuro. Y ponía como ejemplo a
Inmaculada y Eufrasio, dos jóvenes que habían triunfado
en sus respectivos oficios y que creen que hay más de un
camino para llevar a nuestro pueblo al lugar del futuro
que se merece. Comentaba que tenemos un pasado histórico
pero que nos merecemos un porvenir que esté lleno de
confianza en nosotros mismos. Por eso es importante,
expresaba, que aprendamos de esta crisis para cambiar de
actitud ante lo que se nos avecina. Y terminaba mi
discurso diciendo que Bailén ya no será nunca el mismo
puesto que el mundo de hoy está en un proceso de cambio
(incluso con las nuevas tecnologías) que exige
modificaciones en todos los aspectos del comportamiento
individual y colectivo.
Sin
embargo, cuando salí del Museo de la Batalla, pues allí
era el evento, y vi a todos aquellos jóvenes con tanta
alegría celebrando el triunfo de un equipo de fútbol,
pensé para mis adentros que nada de lo que había dicho
tenía valor alguno. Al menos me hizo pensar que hay
discursos que nunca calarán tanto en los jóvenes de hoy
día como que un balón entre en una portería de fútbol.
Mientras haya espectáculos de masas como el acaecido esa
noche, cualquier mensaje en otra dirección puede caer en
el saco de lo nunca sucedido. Ahora, más que nunca,
funciona aquello de pan y circo, ingredientes
fundamentales para idiotizar a una sociedad que no
quiere problemas y que tampoco busca soluciones. Messi
esa noche ganó por goleada a Jesús de Haro. En cuanto a
quién de los dos ha hecho más por Bailén y quién se
merece más la admiración de los baileneses, eso ni se
pregunta.