LAS CALLES,EVITAR ANTAGONISMOS

 

                        Desde tiempos inmemoriales se ha dicho que los españoles somos muy tajantes en todo o en casi todo. Siempre se ha dicho lo de las dos Españas, la de las dos formas de pensar, la de las dos formas de sentir a España; como si sólo fueran dos las formas. A España se la quiere de tantas formas como españoles hay por el mundo, desde la cercanía o desde la lejanía; desde la abundancia o desde la pobreza; desde un lugar o desde otro.

                        Viene esta introducción a cuenta de la Memoria Histórica, esa que se ha inventado Zapatero para los españoles; como si los españoles no tuviéramos memoria histórica de todo lo que nos ha sucedido a lo largo de nuestra historia. No necesitamos que nadie nos ponga leyes que la recuerden, pero ya que están o se cumplen o no se cumplen. Es lo que se suele decir. Otra cosa es que los españoles hagamos o digamos lo que hacemos o decimos siempre: quien hace la ley hace la trampa. O sea, nunca hacemos caso a la ley hasta que nos toca y ya sabe, más vale un mal acuerdo que un buen pleito.

                        Yo no sé cuántas calles hay en nuestro pueblo, en Bailén, que aún tengan nombres de personas que tuvieron más o menos influencia en la Guerra Civil española. Los nombres siempre los escriben los ganadores, no los perdedores. Y, por desgracia para España, en la Guerra Civil que yo sepa por mi padre, republicano, no ganó nadie; todos perdimos. Todos dejaron padres, hermanos, amigos, a ambos lados. Es lo que tiene una guerra civil. Por eso parece ser que los españoles, por desgracia, nunca vamos a dejar pasar a la historia. Hay que recordarla, sí, pero no revivirla continuamente. Todos sabemos el refrán:”Cuánto más se mueve la mi…., más huele”. Buenos, pues vamos a dejarla secar y que se la lleve el viento y el agua; o que alguien limpie de una vez por todas la susodicha mi….

                        A mi me da lo mismo que una calle se llame Ruiz de Alda,  Dolores Ibárruri, Mola o Durruti. Me es indiferente y, al que no le parezca que no le es indiferente pienso que es porque aún tiene las rencillas de la memoria inculcada por sus familiares en el corazón. Vamos a poner ya la paz entre nosotros y dejemos que sea la historia la que indique que pasó,  cosa que todos sabemos, (bueno, todos no, pues los estudiantes de ahora no llegan casi nunca a estudiar la época de la República, Guerra y Dictadura, por no hablar de la Transición o de la democracia).

                        Así que, para evitar dar vueltas a una noria que siempre vuelve al mismo sitio, propongo lo siguiente: “¿Por qué el ayuntamiento no pone los nombres antiguos de las calles, los conocidos por los habitantes?”. Debajo se ponen los nombres actuales y todos sabemos a qué nos estamos refiriendo. Por ejemplo: Calle Las Eras y debajo Calle Sebastián Elcano. Es algo que supongo muchos de los habitantes habéis visto en otras poblaciones de España. Se pone el nombre antiguo y el moderno y así no hay problemas de ningún tipo.

                        La cuestión es que hay muchos problemas más graves que resolver en Bailén que el cambio del nombre de las calles según la ley. Hagamos lo importante y dejemos lo superfluo para cuando no tengamos otra cosa en qué pensar. Ahora pensemos en cómo sacar a Bailén de la crisis en la que está metido. No nos dejemos las neuronas pensando en cosas sin importancia. Primero, Bailén; luego Bailén y, si nos sobra tiempo, Bailén.

                       

                        Cándido T. Lorite